miércoles, 12 mayo, 2021
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Estambul, una ciudad de sensaciones

Caótica y serena, sus más de 15 millones de habitantes hacen de Estambul la ciudad más grande de Turquía. Única en el mundo por ser el puente de unión entre Europa y Asia, ningún visitante queda indiferente al pasar por allí. Centro del imperio más largo de la historia, este bello puerto natural encanta con sus grandiosas arquitecturas como la Basílica de Santa Sofía o el Palacio Topkapi.

Entre iglesias bizantinas y mezquitas otomanas, el viajero suele perderse además en las famosas tiendas elegantes por la tarde y salir de marcha toda la noche por locales con mucho glamour. O bien muchos eligen bañarse en sus playas y navegar por el Bósforo, otras de las atracciones únicas de esta ciudad ubicada entre dos mares, el Mármara y el Negro, y entre dos mundos, el tradicional y el moderno.

Ubicada en el estrecho del Bósforo, Estambul conecta a Europa con Asia y su posición estratégica ha provocado numerosos enfrentamientos por el control de la región. Bajo sus nombres anteriores de Bizancio y Constantinopla, sirvió como capital de los imperios Romano, Bizantino, Latino y Otomano. Incluso, en algún momento de su historia, fue capital del Islam. Los turcos comenzaron a llamarla Estambul, un nombre que se hizo oficial en 1923, cuando se proclamó la República de Turquía.

Muchos de los visitantes que llegan a Estambul no salen de barrio de Sultanahmet, donde se concentran algunos de los principales monumentos. Sus mezquitas y museos conforman una especie de cápsula del tiempo de la historia bizantina y otomana única, y su formidable oferta cultural, comercial y hotelera se puede recorrer cómodamente a pie.

Estambul hipnotiza a sus visitantes con sus grandiosas arquitecturas. (Archivo)

Rumbo a los íconos

Es en estas calles donde se encuentra Santa Sofía o, como la llaman los turcos, Ayasofya, que alguna vez fue una catedral cristiana y, más tarde, se convirtió en una importante mezquita. Situada en el punto más alto de la ciudad, sus cuatro minaretes (torres) y su cúpula de más de 30 metros de diámetro son la imagen más característica de la metrópolis turca.

En sus más de 1.400 años de vida, la majestuosa estructura con techo en forma de domo fue la principal catedral del Imperio Bizantino, una mezquita bajo el Imperio Otomano y un museo en la Turquía moderna, que atrae a millones de turistas todos los años.

Construida durante el Gobierno del emperador bizantino Justiniano, Santa Sofía fue la principal base de la Iglesia Ortodoxa Oriental por siglos. Allí eran coronados los emperadores entre elaboradas decoraciones de mármol y mosaicos. El interior es increíble: las dimensiones de la sala principal (70 por 74 metros), la iluminación difusa, los enormes medallones decorativos y las columnas monolíticas te dejarán con la boca abierta.

En la segunda planta de la basílica se pueden encontrar diversos mosaicos de gran interés histórico. El mosaico más destacado muestra al emperador Constantino y a la emperatriz Zoe adorando a Cristo. Además de mosaicos, en la segunda planta también se encuentra la tumba de Enrique Dándolo, duque veneciano que murió en Constantinopla en 1205.

El tranvía en la Plaza Taksin, un ícono del pueblo turco. (Agencia Xinhua)

En el mismo barrio, otro de los símbolos y uno de los principales edificios que ver es la Mezquita Azul, construida por el Sultán Ahmed I a principios del 1600. Con una cúpula central tiene 23 metros de diámetro y 43 metros de altura, cuenta con seis minaretes lo que, en el momento de su construcción, provocó mucha polémica, ya que la Meca también tenía seis. Posteriormente y para apaciguar a los fieles, en la Meca se construyó un séptimo minarete para marcar la diferencia.

En tanto, el Palacio Topkapi es otro de los edificios más representativos para conocer. Fue la residencia principal de los sultanes del imperio otomano y sede de su gobierno desde 1465 hasta 1853 cuando el Sultán Abdulmecid decidió trasladar su residencia al Palacio Dolmabahçe, de corte occidental. El Topkapi posee más de 700.000 metros cuadrados repartidos en varios edificios situados en torno a cuatro preciosos patios a los que se accede a través de grandes portales.

La Cisterna Basílica, por su parte, también conocida como “Palacio Sumergido”, es una de las obras más importantes de la ciudad. Fue construida en tiempos de Justiniano I (527-565) para que exista reservas de agua en caso de ser atacada. Entre luz tenue y música de fondo, la visita a la Basílica Cisterna es un remanso de tranquilidad elegidos por muchos en medio de la bulliciosa Estambul.

La Mezquita Azul, construida a principios del 1600. (Agencia Xinhua)

Salir de compras

Más allá de lo histórico, Estambul es una ciudad de sensaciones. Y una de ellas es perderse en el laberinto de puestos del Gran Bazar y el Bazar de las Especias. Miles de manufacturas de moda, complementos, decoración, hogar y delicias gastronómicas salen al paso de quienes pasean por sus corredores. Con paciencia y sacando a relucir la habilidad del regateo, el visitante descubre la auténtica vocación comercial de la ciudad.

A tan solo pocos pasos del famoso Puente del Gálata, de 490 metros y que sirve como nexo entre la zona moderna y la tradicional, se halla el Bazar de las Especias, uno de los mercados más antiguos y auténticos. Un universo de intensos olores y colores, donde los gritos de los vendedores copan la escena mientras los turistas esquivan turcos e intentan entender ese lugar. El mercado tiene forma de L y cuenta con seis puertas diferentes por las que acceder. En ella se pueden probar y adquirir todo tipo de productos típicos: desde especias a quesos y dulces tradicionales.

En cuanto al Gran Bazar, un auténtico laberinto de pasillos y comercios donde uno puede perderse hasta aburrirse, también es un mercado que pese a la inmensidad termina siendo un imán para el viajero. Son 45 mil metros cuadrados y más de 3.600 tiendas distribuidas en 64 calles en las que trabajan unas 20 mil personas. Todo un mundo por descubrir. Tiendas de souvenirs, de productos típicos, cafeterías, restaurantes, baños turcos, mezquitas, y mucho más.

Como consejo para estos dos sitios, se puede decir que de partida hay que tener en claro si uno está dispuesto a comprar algo. Porque si da la chance de hacerlo, los vendedores son capaces de seguir al turista hasta el cansancio.

Si la idea es seguir rodeado de bullicio, hay que ir a la Plaza Taksin, el auténtico corazón de la parte europea de Estambul. Es el lugar preferido por los turcos para llevar a cabo todo tipo de celebraciones y eventos sociales. Y, además, fue protagonista de las protestas que se produjeron entre 2010 y 2013 durante la llamada Primavera Árabe. Comercios de todo tipo, restaurantes, cafeterías y hoteles de lujo rodean la plaza, desde donde parte una de las avenidas más famosas: Istiklal Caddesi, que se puede recorrer en un antiguo tranvía que rememora tiempos pasados.

Un recorrido por el Estrecho del Bósforo, en el que confluyen dos mares. (Agencia Xinhua)

Desde el agua

Para entender un poco más la ciudad, convendría recorrer el Estrecho del Bósforo a bordo de uno de los barcos que parten del puerto de Eminönü, y que muestran su frontal marítimo en un par de horas.

Este estrecho en el que confluyen el Mar Negro y el Mar de Mármara, es también el símbolo de unión-separación entre las dos zonas de Turquía: la asiática y la europea. Diversas empresas ofrecen cortos cruceros que llevan a contemplar la ciudad desde una perspectiva diferente, mientras lo ideal es sentarse en cualquiera de las mesas o bancos repartidas por el barco y disfrutar de un rico té turco mientras el paisaje va mutando ante nosotros. Durante estos trayectos es posible enamorarse de las vistas de algunos de los emblemas de Estambul como son los palacios de Bylerbeyi, Ciragan o Dolmabahçe.

También relacionado con el agua, en Estambul hay que darle una chance a su costa con diversos tipos de playas. Burc y Babylon Beach son fácilmente accesibles en transporte público, y se convierten en lo mejor para relajarse después de un día de visitas culturales o de compras.

Ya de noche, la vida en las calles turcas late como ninguna otra. Disfrutar de cervezas y cócteles en los bares de Gálata, Maxigala, o en clubes como Reina, es ideal para también conocer la idiosincrasia local. También el viajero suele acudir a actuaciones musicales en lugares legendarios como Dogstarz en Beyoğlu.

Los baños, una experiencia bien turca

Los baños turcos, una tradición. (Archivo)

Los baños turcos son la versión otomana de las termas romanas. Son un lugar creado para combinar la limpieza del cuerpo y la relajación, aunque también cumplen una función social y cultural.

Durante el siglo XVIII Estambul llegó a tener más de 150 baños, muchos de ellos construidos por el arquitecto Sinan.

Un baño turco tradicional es una variante más húmeda de la sauna y se divide en varias partes: Atrio, Frío, Templada y Caldarium. El interior de los baños está decorado con mármol por ser un material que conserva muy bien el calor.

En la mayor parte de los baños de Estambul, la entrada incluye lavado exfoliante y distintos masajes. Hay que decir que los masajes turcos son bastante fuertes y pueden recordar al masaje tailandés.

Cómo moverse en la ciudad

Tranvía. Es la forma más cómoda y económica de recorrer el centro histórico. La frecuencia, dependiendo de la hora y del día de la semana, oscila entre 5 y 10 minutos.

Autobús. Es el medio de transporte público más barato para desplazarse, pero utilizarlo es relativamente complicado por lo caótico. Hay casi 500 líneas, 3.000 autobuses y 8.000 paradas.

Taxis. Son una de las formas rápidas y no muy costosa para desplazarse. Como punto negativo, algunos conducen de forma alocada, y como en toda ciudad desconocida, lo ideal es pedir los que son oficiales.

Funiculares. Conectan las partes bajas de la ciudad con la Plaza Taksim y sus proximidades.

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