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Ir de tapas, una tradición que busca ser patrimonio

Tapear no es solo beber y comer. Es cultura, es una forma de compartir y disfrutar en compañía de conversaciones y momentos. Las tapas son un formato gastronómico que identifica a España fuera de sus fronteras y representa la forma de vida de ese país europeo. Por eso, el Gobierno español ha iniciado el trámite para que esta tradición sea declarada Manifestación Representativa del Patrimonio Cultural Inmaterial por considerar que es “uno de los elementos más representativos de la identidad cultural” española.

El Ministerio de Educación y Cultura ha abierto el expediente para que esta popular consumición gastronómica sea reconocida en el futuro por la Unesco como parte del Patrimonio Cultural Inmaterial.

“Las Tapas se han convertido en uno de los elementos más representativos de la identidad no ya solo alimentaria, sino cultural (de España), adquiriendo un gran reconocimiento internacional que las asocia ya de una manera indisoluble a lo español”, recoge el texto publicado por el Boletín Oficial del Estado. En este sentido, la disposición también afirma que “tapear” o “irse de pinchos” se ha convertido en uno de los elementos “más representativos de la imagen exterior de España” y se ha configurado como uno de los elementos “más característicos y populares de algunas ciudades y territorios”.

Además, se trata de una tradición cultural que se encuentra “en toda la geografía nacional, siendo un elemento que, aunque con algunas diferencias zonales y/o locales, podemos considerar instalado en todas las regiones de nuestra geografía”, añade.

Tapear, una marca bien española.

El término “tapa” no siempre es el más utilizado en determinadas regiones españolas, de modo que hay sinónimos como “pincho” o “aperitivo”. También hay diferentes denominaciones para referirse al hecho de “ir de tapas”, que también tiene como términos equivalentes el “ir de vinos”, ir de “ronda de vinos”, ir de “potes” o ir “de cañas”.

Frente a los platos de comida tradicionales, las tapas presentan varias ventajas: son más ligeras, rápidas de hacer y permiten comer una gran variedad de alimentos en una sola sentada. Aunque al principio las tapas se reducían a lonchas de chacinas, quesos, aceitunas o frutos secos, hoy son objeto de la cocina más elaborada.

El Director General de Bellas Artes y Patrimonio Cultural, Luis Lafuente sitúa el origen más “probable” de la tapa en Andalucía a finales del siglo XIX o principios del siglo XX. Advierte también de que esa consumición no se puede “plantear” como “una manera de realizar las comidas principales del día (comida o cena)”. “No es el objetivo principal para el gran público nacional que lo considera más un aperitivo o un complemento a la bebida”, matiza Lafuente.

La cerveza belga, el café turco y la pizza napolitana ya forman parte del menú del Patrimonio Inmaterial de la Humanidad reconocidos por la Unesco, mientras que Francia anunció hace algunas semanas que pretende que la “baguette”, el pan alargado y crujiente, obtenga el mismo reconocimiento.

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