jueves, 17 junio, 2021
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Tradiciones dulces y sagradas en Jordania

La mayor parte de las fiestas en Jordania tienen carácter religioso. Al igual que sus países vecinos, muchos de estos días festivos están marcados y se rigen por el calendario islámico, por lo que algunos eventos tan internacionales como el Año Nuevo se celebran en fechas diferentes a las acostumbradas.

Al igual que en otros tantos países árabes, Jordania vive el Ramadán con el respeto y el significado que indican la historia y la cultura. Las influencias del legado árabe y otomano pueden percibirse a cada paso dentro del Reino hachemita de Jordania a través de su arquitectura, la música, la gastronomía y la cultura a nivel general. Lo cierto es que la naturaleza jordana está ampliamente ligada con el Islam, que directa o indirectamente se encarga de regir determinadas costumbres y tradiciones.

Se trata de un mes sagrado en el que el ayuno es la base inamovible. A lo largo de Ramadán, que es el noveno mes en el calendario musulmán, está terminantemente prohibido comer, beber y fumar en las horas del día. Además, no se permite la venta de alcohol en ningún sitio. Casi todas las tiendas abren sus puertas más tarde de lo habitual y se les solicita a los turistas que respeten las reglas en público.

Después del Ramadán, llega el Eid al Fitr, que básicamente es la celebración de la conclusión de esa fiesta sagrada. Tiene lugar el primer día de Shawal, el décimo mes del calendario lunar islámico. Se trata de la fiesta más popular del Islam. También se la denomina Eid es Seghir o “la pequeña fiesta” en contraposición a la de Eid al Kebir, “la gran fiesta”. Dura tres días y, en el primero, los jordanos se reúnen para orar y consumar el desayuno que precisamente le da cierre al mes de ayuno, tan significativo para los musulmanes.

El Eid al Fitr es la segunda festividad más importante en el mundo musulmán por detrás del Eid al Adha -Celebración del Sacrificio-, que coincide con el último día de la peregrinación a la Meca donde nació el fundador del islam: Mahoma.

Una de las curiosidades de esta festividad es que los participantes visten prendas nuevas. Los hombres, puntualmente, usan ropa blanca como signo de integridad y pureza. Los integrantes de las familias se obsequian dulces entre sí y algunas personas todavía mantienen la tradición de entregarles regalos a los niños. La tradición de celebrar el día del primer almuerzo tras el ayuno empezó en 624, en la época de Mahoma.

Para esta época festiva, docenas de mujeres trabajan con tesón, haciendo bolas de masa con las manos antes de rellenarlas con pasta de dátil y darles forma circular, mientras que el aire a su alrededor se llena con el sonido de su charla y con el tibio y dulce aroma de la horneada.

Tras varias horas de trabajo, unos 3.000 ma’amoul dorados salen de dos hornos a gas portátiles instalados en la zona de recepción del Centro, y se están enfriando en unas perfectas hileras. Después se espolvorearán con azúcar y se colocarán en cestas envueltas en plástico, rematadas con un lazo, listas para ser distribuidas a familias necesitadas, tanto refugiadas como locales, del vecindario.

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