jueves, 17 junio, 2021
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Civita di Bagnoregio, el pueblo que muere

A medio camino entre Roma y Florencia, en la región de Lazio, entre aguas termales, lagos volcánicos y restos de antiguos asentamientos etruscos y romanos, Civita di Bagnoregio se encuentra sobre una colina arcillosa de más de 400 metros de altura que está en proceso de erosión. Por eso le dicen “La ciudad que muere”: la montaña de toba no puede evitar el paso del tiempo; todos asumen que está condenada a desaparecer.

Hace siglos, la ciudad era mucho más grande y estaba conectada por carretera con otros asentamientos. Pero los deslizamientos de tierra, los terremotos, las fisuras y la erosión redujeron dramáticamente su tamaño y la han dejado espectacularmente sola en lo alto de una ladera.

Fundada por los etruscos hace 2.500 años sobre una de las rutas más antiguas de Italia -que unía el río Tíber y el Lago de Bolsena- tras una caminata por la villa es posible encontrar rastros del medioevo y del renacimiento en cada callecita.

Cuando las nubes del invierno están bajas, Civita di Bagnoregio parece un castillo flotante en el aire. En un día despejado, la roca sobre la que descansa parece una rebanada de un pastel de varias capas. La arcilla de un mar interior hace un millón de años sostiene estratos de ceniza compactada y magma de erupciones volcánicas posteriores.

El crecimiento en los últimos 10 años muestra cómo el boca a boca y una campaña sostenida para fomentar el turismo han dado sus frutos. Sin embargo, las principales quejas se centran en aquellos turistas que solo ingresan para tomarse unas fotos, pero no comen ni duermen en el lugar. Es por eso que desde hace un tiempo se trabaja en fomentar un turismo de calidad para evitar la masificación que tanto daño ha provocado en otros sitios de Italia.

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