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Una vuelta por los valles salteños

El circuito de los Valles Calchaquíes salteños, entre Cachi y Cafayate, deslumbra por los paisajes que brindan sus cerros y quebradas multicolores producto de movimientos geológicos modificados por el viento y el agua, y por sus pueblos, que con sus casas de adobe y paja reflejan los aspectos más salientes de la cultura preincaica y colonial.

Viñedos de altura, ponchos tejidos a mano en el mismo escenario en el que indios y españoles lucharon cuerpo a cuerpo, arquitectura colonial y arqueología preincaica, son sólo algunos de los atractivos que el viajero podrá encontrar en esta región. Además, no dejará de sorprenderse con paisajes como la Quebrada de las Conchas, el Parque Los Cardones o la Cuesta del Obispo.

Si uno parte desde Salta rumbo a Cachi, debe tomar la ruta provincial 33, con la precaución de evitarla si el clima no es bueno, sobre todo si va en auto y le tiene cierto temor al camino sinuoso y con barrancos. Más allá de eso, el camino es un paraíso de curvas, contracurvas y nudos que ascienden hasta los 2.000 metros, y ya deslumbra a pocos kilómetros de la capital provincial con la aparición de un conjunto de ruinas llamado Puerta de La Paya, que fue el primer asentamiento prehispánico de Chicoana.

El trayecto continúa hasta llegar a la Cuesta del Obispo, desde donde se obtienen increíbles vistas panorámicas de los cerros multicolores que rodean al Valle Encantado, de diversas formas de rocas rojizas esculpidas por la lluvia y la erosión eólica, y de una laguna emplazada entre prados de altura repletos de flores.

El periplo para llegar a Cachi, de a poco empieza a dejar la selva para ponerse cada vez más árido hasta arribar a La Piedra del Molino, a 3.620 metros de altura, que es una auténtica roca de moler tallada en granito dominada por pastizales de altura que varían entre el verde y el dorado según la posición del sol, que está presente casi todos los días del año.

Los valles y sus cardones, ideales para tomar las mejores fotos. (Turismo Salta)

La continuidad del recorrido obliga a parar en la Quebrada de Escoipe, que se extiende desde Chicoana hasta el pie de la Cuesta del Obispo, en una zona de vegetación selvática tapizada de helechos y donde se destacan los exuberantes nogales y laureles y las llamativas tierras rojizas.

Luego será el turno del Parque Nacional Los Cardones, un predio de 64 mil hectáreas creado en 1996 que se caracteriza por un ambiente de sierras secas con altitudes que varían entre los 2.700 y los 5.000 metros de altura y por su enormes e interminables cardos y cardones, que llegan a medir tres metros y a tener entre 250 y 300 años, rodeados de flores de amancay, marca la proximidad del final del camino.

Cachi, rumbo al pasado

El trayecto, que atraviesa en forma circular los Valles Calchaquíes y el Valle de Lerma, se puede iniciar en Cachi, que se caracteriza por sus paisajes teñidos de rojo por los cultivos de hortalizas, legumbres y pimientos. El pueblo, con sus calles angostas de piedra, casas de típico estilo colonial de madera de cardón, adobe y pisos rústicos, mantiene intactas sus costumbres ancestrales, entre las que se destacan los tejidos en telar, la fabricación de cerámicas y las comidas regionales.

La Iglesia San José, frente a la plaza central y que en 1945 fue declarada Monumento Histórico Nacional, es una de las más interesantes muestras de la arquitectura colonial. El sitio arqueológico La Paya, a 12 kilómetros del centro, es otro imperdible del circuito porque en un espacio de casi seis hectáreas todavía conserva las primeras construcciones de los incas.

La Iglesia San José, frente a la plaza central de Cachi, inaugurada en 1945. (Turismo Salta)

El museo arqueológico Pío Pablo Díaz, con miles de piezas de la cultura aborigen, es el principal atractivo de esta población rodeada de montañas de más de 5.000 metros con sus picos nevados, entre los que sobresale el Nevado de Cachi.

En torno a este pueblo calmo se pueden disfrutar de parajes de increíble belleza, como El Algarrobal, Cachi Adentro y San José. El sol es el principal protagonista, junto a un clima templado o frío, según la estación del año, y seco, que hace propicias las tierras para la producción de verduras y hortalizas, principalmente el pimiento.

Cachi también ofrece actividades como cabalgatas, senderismo, montañismo y excursiones, entre otras, y en enero se realiza el tradicional Festival de la Tradición Calchaquí, que reúne a importantes artistas folclóricos.


Pueblos sobre la 40

Desde Cachi y por la ruta nacional 40, que la atraviesa, se puede llegar a La Poma, Molinos, la Laguna de Brealito, Seclantás y la Quebrada del Colte, entre otros puntos de la tradicional Vuelta a los Valles de Salta, conocido como el circuito o Camino de los Artesanos.

Seclantás es un pueblo de casas con frescas galerías, techos de caña cubiertos con tortas de barro y frentes impecables desarrollado a orillas del río Calchaquí. En su entorno se puede disfrutar del trabajo de los tejedores y teleros, que se plasma en frazadas, telas, tapices, ponchos y que también se exhiben en un centro artesanal creado por ellos mismos.

La Quebrada de las Flechas, un paisaje que sorprende hasta a los locales. (Turismo Salta)

La Laguna de Brealito, un espejo natural de agua producto de un deslizamiento de rocas que formó un dique hace unos 3.000 años, es un lugar ideal para la pesca deportiva ubicado a 22 kilómetros de Seclantás, en cuyas cercanías también se pueden ver algunas pinturas rupestres.
La continuidad del circuito de los Valles Calchaquíes marca la llegada a Molinos, un pueblo serrano cuyos atractivos más importantes son su antigua iglesia, que guarda los restos momificados del último gobernador realista de Salta, Nicolás Severo de Isasmendi, la Reserva de vicuñas y Asociación de Artesanos San Pedro Nolasco y el centro de interpretación Indalecio Gómez.

En este camino no falta una ruta del vino con cepas de malbec y torrontés. Los nombres de algunas bodegas que se destacan son Isasmendi, Durand y Miraluna. Pero hacia el sur, rumbo al pueblo de Molinos, sobresalen dos fincas alejadas de la ruta 40 y que merecen ser visitadas: Tacuil y Colomé.
Más adelante está Molinos, frente a la confluencia de los ríos Luracatao y Amaicha, que se reúnen y forman el rojizo río Molinos. La parte más atractiva del pueblo se concentra en la calle Abraham Cornejo, en donde se conservan la casa del Correo, la de Néstor Ramírez, la histórica y restaurada del Dr. Indalecio Gómez, todas con sus puertas esquineras y una vista majestuosa a los cerros vallistos. Y, desde ya, la iglesia de San Pedro Nolasco de los Molinos, cuyo origen se remonta al siglo XVII.

El tramo que va entre Molinos y Cafayate se caracteriza por la espectacularidad de sus formaciones rocosas, entre las que se destacan las quebradas de las Conchas y las Flechas.
La primera es un profundo cañón de areniscas multicolores erosionadas por el viento y el agua durante millones de años que supera los 1.500 metros de profundidad por donde corre el río Las Conchas.
La de las Flechas, en tanto, es una formación de rocas puntiagudas inclinadas que forman desfiladeros con paredes de 20 metros de altura que constituyen uno de los puntos turísticos más atractivos de la Ruta 40.

Con sabor Torrontés

Reino del vino Torrontés, de las cascadas del río Colorado y de las extrañas montañas, Cafayate conserva su arquitectura colonial y donde el legado de los diaguitas puede verse por doquier plasmado en pinturas rupestres.

Su plaza cuadrangular, dividida en ocho sectores poblados de flores y arboledas, ofrece la imagen de un clásico y pintoresco centro pueblerino. Frente a ella, el mercado artesanal exhibe diseños en telar, platería, alfarería, madera y cerámica. La catedral Nuestra Señora del Rosario, de estilo poscolonial y fachada plana, es la única del país que cuenta con cinco naves.

Esta región salteña es un lugar elegido por toda la familia. (Archivo)

Sobre la calle Güemes Sur, esquina Fermín Perdiguero, se encuentra El Museo de la Vid y el Vino, inaugurado en 2011. Se trata de un espacio que mezcla arquitectura, creatividad y tecnología para promover el conocimiento sobre el vino, los secretos de su elaboración, y para resaltar los sentidos de esa bebida. El museo, a través de estímulos visuales y sonoros, en forma interactiva y mediante dos salas con distintas exposiciones, presenta la historia, el desarrollo, el presente y el futuro de la industria del vino en la zona a través de nudos argumentales cuyo recorrido se inicia con una visión del firmamento en las noches cafayateñas.

El museo Regional y Arqueológico Rodolfo Bravo, que cuenta con más de mil piezas arqueológicas que dan testimonio de los orígenes de la zona y el Mercado Artesanal, completan los atractivos urbanos. A 6 km de este poblado, en tanto, se ubica una reliquia cafayateña, el Molino jesuítico, que con 350 años de antigüedad sigue moliendo hasta 200 kilos de sémola o harina de maíz por vez. Su estructura, que antes era de madera, pasó a ser de hierro.

En el centro de la ciudad, diversos restaurantes abren sus puertas al visitante para degustar la típica gastronomía salteña, como tamales, locro, cazuela de cabrito, carbonada, humita a la olla, y las irresistibles empanadas elaboradas con típicas recetas y materia prima de los Valles Calchaquíes.
Otros de los atractivos es el río Colorado con sus cascadas de aguas cristalinas que caen estrepitosamente sobre un marco de rocas y vegetación de un intenso color verde. Afirman los lugareños que existen caídas de más de 100 metros, difíciles de ver, dado que se ubican en zonas inaccesibles. Cerca de la primera cascada se encuentra El Divisadero, territorio de los antiguos asentamientos diaguitas, donde se pueden apreciar sus pinturas. El lugar cuenta con un camping emplazado en medio de cautivantes paisajes.
Mientras que a unos 50 km, por la ruta 68 por la que se puede regresar a Salta capital, se ubica la Reserva Natural Quebrada de las Conchas, que a lo largo de 83 km presenta un paisaje de montañas color terracota que por fruto de la erosión fueron adquiriendo diversas formas que imitan figuras como El Sapo y El Fraile, la imponente Garganta del Diablo, y otras que tienen semejanzas arquitectónicas como el Obelisco, el Anfiteatro y los Castillos. Son parte, sin duda, de uno de los paisajes más impactantes del norte argentino.

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