lunes, 26 septiembre, 2022
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Tres rutas gastronómicas para degustar todo el año

Ruta de la Leche

Con más de 4 mil tambos y pese a la crisis que vive el sector, Santa Fe es la cuenca lechera por excelencia en el país, y hace de ello también un recurso turístico. Recorrer el gran complejo lechero que se erige en el centro oeste provincial, a no más de 160 kilómetros de la ciudad capital, es un atractivo para el viajero que llega hasta esa región.  

El itinerario recorre varias localidades, donde sumar visitas a interesantes museos, centenarias capillas y escuelas no tradicionales para aprender el arte de esta milenaria actividad con raíces inmigrantes, que comienza con el ordeñe para luego convertirse en exquisitos productos.

Promocionado como la Ruta de la Leche, con establecimientos de producción artesanal e industrial que son referentes a nivel mundial, es un itinerario turístico que permite conocer de manera lúdica la historia de esta región litoraleña. Con base en Rafaela, Sunchales, Esperanza, Moisés Ville, Humberto Primo, Ramona y Ataliva, entre muchas otras localidades, la iniciativa rescata gran parte de la idiosincrasia santafesina.

Ruta del Salame

Tandil siempre se reinventa y atrapa a los que llegan hasta allí no solo con sus aires serranos sino además con la buena gastronomía. En este circuito cuyo recorrido incluye casas de venta de productos regionales, se ofrece variedades de salames y quesos de la ciudad bonaerense , con un valor agregado que los caracteriza o diferencia, ya sea un producto, una característica del local, o distintas cuestiones que aporten a la identidad, ofreciendo además la posibilidad de degustación.

Una de las claves para obtener el salame de Tandil, que cuenta con denominación de origen, se encuentra en el dominio del proceso de elaboración cuyos principios básicos continúan siendo de naturaleza artesanal.

Ruta del Olivo

Si bien La Rioja, San Juan o Mendoza permiten descubrir los secretos de la olivicultura, un buen inicio es Catamarca, donde existen unas 30 mil hectáreas destinadas a este noble fruto. Por la ruta 38, comienzan a verse las extensas plantaciones en el Valle Central, acompañadas por las cadenas del Ancasti y el Ambato.

Al conectar con la ruta 60 se llega al Valle de Pomán, otro de los grandes centros oleícolas, para seguir luego hasta Tinogasta y Fiambalá. En este último pueblo, se podrán degustar excelentes vinos de altura o relajarse en un complejo termal totalmente preparado para renovar energías en piletones de entre 38 y 54 grados, así como visitar el Museo del Hombre, donde se exhiben momias de más de 500 años.

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