domingo, 25 julio, 2021
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El oeste de La Rioja siempre tiene secretos por descubrir

Con pequeños pueblos que parecen detenidos en el tiempo, muchos de ellos pegados a la Cordillera de los Andes, el departamento General Felipe Varela se ofrece como la puerta a innumerables actividades, que lo convierten en el centro turístico que concentra más servicios en el oeste provincial: trekking, circuitos que se pueden hacer a caballo o bicicleta, avistaje de aves y flora autóctona, entre otras.

Tal vez lo más conocido de esta región sea el Parque Nacional Talampaya, una imponente reserva natural con valiosos yacimientos arqueológicos y una meca para la paleontología, que fue declarado como Monumento de la Humanidad por la Unesco. La aventura entre colosales paredes rojas se vive caminando por la tierra árida, paseando en bicicleta o en 4×4. Allí, oír el eco de las aves en los cañones durante una excursión nocturna bajo la luna llena entraña tanta emoción como una velada en el camping resguardado por el cielo estrellado.

También la región es conocida la Laguna Brava, una reserva de vicuñas y flamencos, a más de 4200 metros sobre el nivel del mar, de color azul zafiro, que se visita con agencias de turismo habilitadas desde Villa Unión del Talampaya. De allí, se parte muy temprano y la primera parada en el trayecto es la Quebrada de la Troya, formada por río Vinchina (río la Troya), ahora llamado río Bermejo. A pocos kilómetros, y por medio de caminos de ripio, se llega al pueblo de Alto Jague, y más adelante está la Quebrada Santo Domingo y la Quebrada del Peñón. Al acercarse al centro del valle aparece la imagen de una laguna ovalada con majestuosos picos a su alrededor, como el Veladero, el Bonete Chico y el Pissis -el segundo más alto de América, con 6.882 metros sobre el nivel del mar-. Y a lo lejos se alcanzan a ver los restos de un avión abandonado que realizó un aterrizaje de emergencia en los años ‘50.

Pero este Departamento tiene mucho más para ofrecer: hacia el este, por RN 40 está la famosa Cuesta de Miranda. Construida a pico y pala en las primeras décadas del siglo XX sobre un sendero de arrieros y animales que supieron transitar los Incas, está a media hora del centro de la ciudad, se extiende poco más de 12 km y alcanza los 2.000 m.s.n.m.

Recorrerla, ya sea en 4×4, haciendo trekking o en bicicleta, permite descubrir un hermoso paisaje de brillante tierra roja, con mezcla de verdes y grises, y profundas quebradas rocosas. Hacia la zona oeste, también por la Ruta 40, se encuentra Guandacol, con atractivos como la Quebrada del Alazán, la Casa de Felipe Varela, el Olivo Histórico, las teleras, el antiguo establecimiento Minero San Bernardo, Vallecito Encantado, entre otros atractivos. Incluso en la misma ciudad de Villa Unión, se encuentran lugares como el Embalse, el Cañón del Triásico, Anchumbil, el Mirador de La Loma, Pagancillo (con su oferta religiosa), Los Palacios (cuna del vino casero del Valle del Bermejo) y Banda Florida, con opciones para realizar turismo aventura y cultural.

Y a todo esto, no hay que olvidar algo que destaca a esta hermosa provincia. Su gastronomía ancestral y su vino Torrontés. Es que la excelentes platos y vinos se combinan con los maravillosos paisajes para hacer de esta zona un destino obligado para el viajero. Además, la exquisitez de sus artesanías y la calidez de su gente hacen que siempre que llega el frío a otros lugares, éste sea uno de los destinos no tradicionales más cálidos. 

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