Con una temperatura promedio anual de 28 grados, Aruba es un paraíso en medio del mar. Entre cielos despejados y un sol resplandeciente que brilla por más de 300 días al año, la isla del Caribe se convierte en uno de los destinos más deseados por viajeros de todo el mundo.
Ubicada al sur del mar Caribe, fuera del área de huracanes y con muchas actividades para realizar dentro de la isla, Aruba es el lugar para desconectarse del bullicio rutinario. Con conexiones aéreas sencillas, desde sus playas de arena blanca y agua cristalina, hasta la amplia variedad de restaurantes y hoteles de primera categoría, tener una experiencia inolvidable está asegurado.
La vida por estas tierras felices se desarrolla en el sur, donde están las playas de arena blanca. Y la influencia de Holanda se conserva en el idioma, los modales, el intercambio turístico y la afección por los panqueques típicos de los Países Bajos.
Oranjestad, su capital, en holandés quiere decir “ciudad naranja”. Recibió este nombre después del reinado de Guillermo de Orange, el primer rey neerlandés. Es una mezcla entre “lo nuevo y lo viejo”. Se puede ir en el tranvía AruTram, que recorre todo el lugar, tiene diversas paradas.
Pero sin dudas, el gran atractivo de Aruba son sus playas paradisíacas, con mar turquesa y arena blanca y finita. Las preferidas son Baby Beach, Arashi, Eagle Beach, Rodgers Beach y Palm Beach. Allí se pueden hacerdeportes acuáticos como Windsurf o Kitesurf, andar en kayak, standup paddle, barcos a velas o los divertidos paseos en banana que te tiran en el medio del mar.
Pero una cosa es visitar la isla y otra es vivir allí. Carlos Sonensein, argentino que vive en la isla hace más de 34 años, explicó en el programa De Viaje con la Radio (Keops FM 90.1) que el proceso de instalación cambió con el tiempo. “En ese tiempo era mucho menos exigible que ahora. Después de la pandemia empezó a ser mucho más exigente”, señaló. Y agregó: “Yo entré con los papeles para mostrar en la aduana que tenía todo en orden”.
El entrevistado contó que llegó a Aruba a fines de los años 80 y describió la evolución del destino turístico. “Muchos menos hoteles, edificios no había ninguno. Ahora hay edificios por todas partes. Es el precio del progreso”, resumió. Este crecimiento también impactó en la dinámica local, con más movimiento y tráfico en comparación con décadas atrás.
En cuanto a la experiencia de vida en la isla, destacó la integración cultural y el perfil de la población. “La mayoría de la gente habla cuatro idiomas: el idioma local, holandés, inglés y español”, explicó. Además, remarcó el trato hacia los extranjeros: “Es gente de muy buen corazón, muy amable, que te abre sus puertas. No es racista”.
El argentino también relató su experiencia laboral en la isla, vinculada al turismo. “Trabajé en la playa 12 años, alquilaba reposeras y vendía paseos”, contó. Luego desarrolló emprendimientos propios, siempre ligados a la actividad turística, uno de los motores económicos del destino.