jueves, 16 septiembre, 2021
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En busca de la miel más austral del país

A medio camino entre Esquel y Trevelin, al pie de la cordillera chubutense, el universo de la miel y las abejas convoca en los meses de mayor calor del año a visitantes que hacen una pausa para conocer por dentro los secretos de la producción apícola más austral del país.

El emprendimiento, de dos hectáreas de extensión, lleva el nombre de Valle Andino y está ubicado en un sector conocido como la “Bajada del Cóndor”, sobre un callejón que se desvía levemente de la Ruta 259, a la altura del kilómetro 25.

Un paisaje de largos pinos escolta a una tranquera que atraviesan los visitantes para arrancar un recorrido que maravilla por la singularidad que ofrece la miel chubutense, con la cordillera de fondo y en un marco natural que redunda en el sabor y en el color de un producto sin igual.

Si bien la familia que gestiona este emprendimiento tiene una experiencia de décadas con las abejas, recién hace pocos años dio luz a esta marca que fracciona y comercializa la miel y que, de un año a esta parte, ha abierto las puertas literalmente a una faceta desconocida: el turismo rural.

Cientos de viajeros arriban convocados por carteles en la ruta o a partir de comentarios o folletos en las oficinas turísticas, con el objetivo de conocer la producción apícola desde adentro.

Algunos se sienten atraídos por la posibilidad de llevar a sus mesas productos sanos, directamente de las manos hacedoras que les dan vida. Otros llegan atraídos por el misterio detrás del encantador trabajo de las abejas y por la preocupación latente respecto del riesgo de extinción de estas especies y el importante aporte que generan para sostener el equilibrio natural del mundo.

En la región, los apellidos Williams y Krieger aparecen mencionados cuando se indaga en los pioneros de la producción apícola, de 40 años a esta parte. Actualmente, un grupo de 15 apicultores de la Comarca de Los Alerces sostiene un trabajo colaborativo que genera condiciones comunes ventajosas para el desarrollo regional de la producción.

Valle Andino, en el límite sur de la producción apícola del país, produce miel, polen, cera de abejas y propóleos para comercializar, en un entorno natural en el que, a diferencia del marco que ofrece la pampa húmeda, no hay monocultivo ni fumigaciones con agroquímicos.

Una variedad de cuatro tipos de mieles se produce en este emprendimiento chubutense, marcada por la floración nativa proveniente de pasturas naturales, arbustos, plantas y flores propias de la región.

En un principio, elaboraban una variedad a la que le llamaban “multifloral” o “miel del valle”, fruto del trabajo en 1200 colmenas repartidas en 30 campos. Se le llamaba así porque su consistencia, color y sabor estaba condicionada por la conjugación de diversas floraciones.

Tiempo después, se empezó a producir otra variedad, esta vez a partir de una pastura de flor de vicia de Trevelin. En otro campo, se comenzó a trabajar específicamente con flor de chacay, “el árbol de la montaña”, y con manca caballo, típicas de la zona. Y en un apiario (conjunto de colmenas) en la zona de Gualjaina, florece el melilotus o trébol de olor, que genera otra variedad que ha sido incorporada a la oferta.

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