sábado, 23 octubre, 2021
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Viaje al corazón de las mezquitas

Catedrales, sinagogas y mezquitas conforman uno de los legados arquitectónicos más importantes de la humanidad. Y más allá que muchos viajeros no tengan una cercanía con la religión, estos sitios siempre están en cualquier itinerario.

Entre las mezquitas, muchas se encuentran hoy en lugares poco accesibles, incluso prohibidos o en guerra, pero habrá que tomar nota para cuando sea posible viajar a ellas. Desde la remota Indonesia (con la mayor población musulmana del mundo, con más de 200 millones de creyentes) hasta una en China, un repaso por algunas de las más importantes.

En honor al presidente

Desprovisto del lujo de muchos estados del Golfo Pérsico, Yemen compensa con la profundidad de su historia y el apego a sus tradiciones y rica cultura. Su capital es Saná, donde el viajero puede suspirar ante casas como guindas de un pastel, y pasear por viejos callejones, obra del hijo de Noé. La ciudad más antigua del mundo posee múltiples capas, colores y dibujos, y es la más romántica y animada del islam.

En este contexto, se levanta la Mezquita Al Saleh, la más grande y moderna de la ciudad. Inaugurada a fines 2008 por el presidente yemení Ali Abdullah Saleh, recibe su nombre en su honor. La mezquita, de 27.300 metros cuadrados, tiene una sala central de unos 13.500, con capacidad de ocupación de 44.000.

El edificio costó casi 60 millones de dólares para construir y está abierto a los no musulmanes, por lo que es frecuentada por turistas. Las medidas de seguridad incluyen perros policías y olfateadores de bombas.

Una cúpula bien dorada

La diversidad de la población de las 17.000 islas de Indonesia se hace patente en los más de 300 idiomas distintos y en lo variado de sus habitantes. A ello se suma la gran variedad de expresiones culturales. Y un elemento cultural que une lo regional y lo nacional es la religión: el principio monoteísta de la Pancasila se mantiene firme. Aunque en Indonesia predomina el islamismo, en muchas zonas aparece entretejido con las costumbres tradicionales.

En este contexto, la mezquita de la Cúpula Dorada, la construcción del templo de Kubah Mas, se destaca. Fue financiada por un benefactor privado e inaugurada en 2001, y tiene suelos de granito italiano, lámparas de araña de cristal y cúpulas de oro de 24 quilates.

En Indonesia sobresale este ícono con su cúpula dorada. (Archivo)

Todo de color azul

Construida en el siglo XV, la Mezquita Azul situada en la localidad de Mazar-e Sharif, al norte de Afganistán, es un templo representa un remanso de paz en medio de un país que desde hace décadas viene soportando la guerra. 

Ubicada en la cuarta ciudad más grande de Afganistán, el alminar de la mezquita llama a la oración de los fieles desde 1481. Su espectacular y colorida fachada, hecha de azulejos y mármol, continúa trayendo a visitantes y fieles a esta mezquita también conocida como “la tumba de Alí”.

Según la leyenda, el santuario cobija la tumba de Abu l-Hasan Ali Ibn Abi Tálib, primo y yerno del profeta Mahoma que, según la tradición, fue trasladado desde Nayaf, en la actual Iraq, donde fue asesinado el 31 de enero del año 661. A pesar de que la mayoría de musulmanes rechaza la veracidad de esta leyenda, numeroso fieles afganos siguen peregrinando a este lugar, un pedazo del pasado de un país que quiere mirar hacia el futuro.

Patrimonio de la Humanidad

La Mezquita de los Sesenta Pilares, comúnmente conocida como Shait Gambuj, es histórica en Bangladesh, la joya más verde del sur de Asia, un país atravesado por ríos, con una rica cultura ansiosa por ser explorada por pioneros.

Se trata de una de las más impresionantes estructuras arquitectónicas musulmanas del subcontinente indio. Está en el recinto histórico de la Ciudad-mezquita de Bagerhat, a 5 kilómetro de la ciudad actual.

Con la mayor concentración de mezquitas y mausoleos medievales del país, la aletargada Bagerhat es un magnífico museo al aire libre que documenta el esplendor de la historia islámica de la región.

La mezquita que fue catedral

Chipre es mucho más que un destino playero relajado. Entre su herencia griega y turca, la isla tiene muchas capas, como su historia, con una cultura atractiva y un bello paisaje, poblado por gente hospitalaria.

La mezquita de Lala Mustafa Paşa, del siglo XIV, está en la zona turca de Famagusta, aunque en su origen fue una catedral. Consagrada como San Nicolás en 1328, a primera vista aparece la clásica estructura francesa de estilo ornamentado y ricos detalles de tracería.

Las imponentes torres de piedra caliza que en el pasado adornaron su flanco oeste ya no están, pues en tiempos del Imperio otomano fueron sustituidas por un solo minarete que no casa demasiado bien con el conjunto. Queda poco de la decoración original, a excepción de una vidriera situada en la parte alta de la fachada.

Un hombre recitando versos del Corán en una mezquita. (Agencia Xinhua)

Con un pasado cristiano

Entre iglesias bizantinas y mezquitas otomanas, el viajero que llega a Estambul suele perderse además en las famosas tiendas elegantes por la tarde y salir de marcha toda la noche por locales con mucho glamour.

Muchos de los visitantes que llegan a la ciudad no salen de barrio de Sultanahmet, donde se concentran algunos de los principales monumentos. Sus mezquitas y museos conforman una especie de cápsula del tiempo de la historia bizantina y otomana única, y su formidable oferta cultural, comercial y hotelera se puede recorrer cómodamente a pie.

Es en estas calles donde se encuentra Santa Sofía o, como la llaman los turcos, Ayasofya, que alguna vez fue una catedral cristiana y, más tarde, se convirtió en una importante mezquita. Situada en el punto más alto de la ciudad, sus cuatro minaretes (torres) y su cúpula de más de 30 metros de diámetro son la imagen más característica de la metrópolis turca.

En sus más de 1.400 años de vida, la majestuosa estructura con techo en forma de domo fue la principal catedral del Imperio Bizantino, una mezquita bajo el Imperio Otomano y un museo en la Turquía moderna, que atrae a millones de turistas todos los años.

Orando a Alá en chino

Los caminos de la Ruta de la Seda supusieron para China algo más que un mero beneficio comercial. En el siglo VII, los mercaderes persas y afganos también importaron su religión, y los que se quedaron se convirtieron en los antepasados de los chinos musulmanes. Con aproximadamente 22 millones de creyentes, la población musulmana constituye menos de un 2% de la población de China, dividida predominantemente en diez etnias diferentes.

Construida en el 742, bajo la dinastía Tang, la mezquita de Xian es única y tan cautivadora como los famosos guerreros de terracota de la ciudad, pues, a pesar de ser un enclave musulmán sagrado, su diseño no tiene nada de islámico. Con recargadas pérgolas en arco, cuidados jardines y ni un solo minarete a la vista, un ojo poco entrenado podría pensar que se trata de un típico templo chino.

La gran mezquita de Xian es la única que admite visitas en toda China y se halla cerca de una famosa torre de la Campana.

La Mezquita Al Saleh tiene una capacidad para 44.000 personas. (Agencia Xinhua)

En honor al sultán

También conocida como Masjid Sultan, la impresionante Mezquita del Sultán es el punto focal de reunión para la comunidad musulmana de Singapur. Con sus enormes cúpulas doradas y su enorme sala de oración, es una visita obligada si se encuentra en el histórico distrito de Kampong Glam.

El estadista británico sir Stamford Raffles, fundador de Singapur, financió la construcción de esta mezquita en 1824. Fue para Hussein Shah, el primer sultán de Singapur.

Desde entonces, la comunidad musulmana de la isla no paró de crecer y para su centenario ya necesitaba una ampliación. En consonancia con la diversidad local, los nuevos planos mezclaban las temáticas árabe, turca y persa, todo ello rematado con una ornamentada cúpula dorada que corona una sala de oraciones con capacidad para 5.000 personas. Hay visitas guiadas para conocerla.

La mezquita del Imán

Isfahán, en Irán, es una de las ciudades más bellas e interesantes del mundo y su plaza Naghsh-i Jahan, una de las más humanas que se pueden conocer. Probablemente, porque fue la capital del imperio selyúcida y safávida o porque tiene edificios musulmanes, cristianos, judíos y zoroastristas.

La mezquita de Isfahán es una maravilla. Completamente cubierta (por dentro y por fuera) de azulejos azules y amarillos, se trata de una preciosa estructura del siglo XVII que parece cambiar de color en función de la luz. La cúpula principal tiene 54 metros de alto y un intrincado diseño de mosaicos florales, mientras que el magnífico portal (30 metros) es un excelente ejemplo de la arquitectura de la época Safavida (1502-1772).

Los elementos de la arquitectura y la decoración islámicas se caracterizan por la capacidad de repetirse simétricamente ad infinitum, como metáfora de la eternidad.

Hay que llegar hasta Djenné, para dejarse sorprender. (Archivo)

El rincón sagrado de África

La gran mezquita de Kairuán, en esta ciudad tunecina, es el centro islámico más sagrado que hay en el norte de África. Kairuán está considerada como la cuarta ciudad santa del islam y su mezquita la más antigua del África septentrional.

La mezquita original se construyó en el año 670, pero fue destruida por completo; lo que hoy podemos ver fue obra de los aglavíes en el siglo IX. Es un edificio increíble, muy sobrio y con muros fortificados, pero esta primera impresión cambia al entrar en el enorme patio pavimentado con mármol y rodeado por una columnata con arcos.

Ocupa una superficie de 9.000 metros cuadrados y su perímetro alcanza los 415 metros. Su espacio incluye una sala de oración, un gran patio parcialmente pavimentado de mármol y un alminar de aspecto macizo.

Una obra en adobe

Situada en la población Djenné, en Mali, y enclavada en una isla, este templo seduce a los viajeros con su exterior fortificado de adobe y las innumerables vigas de madera que sobresalen a través de los muros, bajo el fulgurante y amenazador brillo del sol africano.

Esta maravilla de barro resulta tan cautivadora (es la estructura de adobe más grande del mundo) que no importa saber que el edificio actual data solo de 1907, aunque inspirado, eso sí, en la gran mezquita que se alzaba en el mismo lugar desde 1280. El edificio original quedó en ruinas en el siglo XIX. En teoría, los no musulmanes no pueden entrar, pero los lugareños se ofrecen a guiar al visitante tras negociar el precio.

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