miércoles, 21 octubre, 2020
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Bariloche: colores cálidos y sabores infinitos

Mientras todo se prepara para la llegada de la nieve invernal, los lagos color esmeralda con su trasparencia infinita, los cerros con distintos matices por la cantidad de vegetación con hojas caducas son sólo algunos de los dibujos que nos da la naturaleza de Bariloche en esta época. Ubicada a los pies del lago Nahuel Huapí, la ciudad más poblada de la Patagonia seduce con la infinidad de actividades que tiene para llevar al visitante a vistas increíbles, además de tener una experiencia única gracias a sus sabores.

Los ocres, rojos, naranjas y amarillos, le dan pinceladas a sus bosques de álamos, ñires y lengas y los convierte en un espectáculo natural irrepetible. Caminos, bosques y montañas se transforman generando uno de los paisajes más bellos del año. En ese entorno, los deportes y actividades al aire libre y la gastronomía encuentran escenarios para disfrutarlos a pleno.

Recorrer el Circuito Chico, almorzar frente al lago Moreno, llegar a la base del cerro Catedral, disfrutar del clima típico y el entorno del Llao Llao, acceder a los puntos panorámicos o caminar por la orilla del lago, son sólo algunas opciones. También hay que reservar para la excelencia gastronómica, con truchas y corderos en preparaciones gourmet o tradicionales, y, para completar el combo, despedir el día con cerveza artesanal.

Un buen inicio para conocer la ciudad es el Centro Cívico, un conjunto de edificios estatales diseñados con un estilo arquitectónico bien típico de la zona con paredes de piedra, techos a dos aguas y mucha madera, inspirado en las regiones montañosas de Europa. Con atracciones que siempre serán tendencia como el Museo de la Patagonia, la calle Mitre y la Iglesia Catedral, este sitio es una parada obligatoria para cualquier viajero. Además, es la zona para hacer las compras y quedar bien con la familia y amigos.

A 17 kilómetros hacia el sur se encuentra el Cerro Campanario que se puede ascender caminando alrededor de media hora a través de un camino sencillo pero bastante inclinado o en aerosillas. A más de mil metros de altura el viajero se topa con una panorámica de los lagos Nahuel Huapi y Perito Moreno, la laguna El Trébol , las penínsulas San Pedro y Llao Llao, la Isla Victoria y los cerros Otto, López, Goye, Catedral y Capilla.

Más adelante, en el kilómetro 24, está Puerto Pañuelo donde se abordan las embarcaciones hacia la Isla Victoria y al Bosque de Arrayanes. Es la excursión lacustre más demandada en el lago Nahuel Huapi. Se navega en modernos catamaranes, lo que permite que la excursión sea segura inclusive en días de viento.

Salir a remar en silencio, con el Tronador de fondo. (Turismo de Bariloche)

La excursión de la mañana visita en primer lugar el Bosque de Arrayanes, en la península de Quetrihué. Éste no son nada más ni nada menos que 1.700 hectáreas perfumadas con las flores de estos árboles dorados de manchas blancas que vieron allí el lugar especial donde crecer de forma boscosa; cuando en realidad su naturaleza es nacer como arbustos a la orilla de los lagos o ríos. Caminos de madera rústica a tono con el hábitat llevan al visitante a poder apreciar y tocar los arrayanes que pueden alcanzar los 15 metros de altura y llegar a tener -los más viejos- hasta 650 años de antigüedad. Luego la excursión llega a la isla Victoria, donde se puede almorzar. En ambos lugares tienen lugar dos caminatas guiadas: en primer lugar por el hermoso bosque de árboles color canela y en el segundo entre majestuosos pinos y cabañas de troncos.

Por las alturas

Más allá del atractivo que significa disfrutar del teleférico del Cerro Otto, que asciende hasta la cima de la montaña más alta del ejido municipal para disfrutar de un hermoso parque natural, los que apuestan a la aventura se inclinan sin dudas por el raffting en el río Manso y el lago Steffen, al sur de la ciudad.

El recorrido por este curso de agua, que se puede realizar en embarcaciones pequeñas o kayaks, permite disfrutar de una inmensa variedad de verdes otorgada por una vegetación donde predomina un bosque denso, de altos coihues, con un sotobosque dominado por la caña colihue, que se desarrolla entre barrancas de 240 metros de profundidad teñidas de cipreses, radales, retamos, ñires y lauras.

El lago Steffen, que pertenece a la cuenca del río Manso, tiene una superficie de 590 hectáreas, es de forma alargada y ocupa un profundo valle al que se llega luego de transitar un pintoresco camino que atraviesa bosques de lengas, coihues y cañas colihue, enmarcado por montañas. Las cumbres ubicadas al oeste del lago son notoriamente más altas que las que se hallan hacia el este, por lo que se crea una corriente de agua de velocidad media que no suele ser afectada por oleajes peligrosos y que permite la navegación.

Por el entorno del Llao Llao se accede a puntos panorámicos bellísimos. (Turismo de Bariloche)

Las aguas del Steffen son un destino de excelencia para los pescadores de salmónidos, ya que al formar parte de la cuenca del río Manso permite el ingreso de truchas de gran tamaño. Además cuentan con playas de arenas finas y blancas y aguas verdes transparentes y dos campings emplazados en un entorno natural de una belleza singular. La pesca con mosca es otra de las actividades preferidas por los visitantes del lago, ya que en aguas verdes conviven truchas fontinalis, arco iris y marrón.

En tanto, otro escenario para la aventura y con una superficie de 16 km2, son las aguas del lago Moreno, algo más cálidas que las de su vecino Nahuel Huapi. En sus aguas transparentes se puede practicar kayak, stand up paddle y pesca. En días despejados, cualquiera de esas experiencias se potencian con las vistas privilegiadas al monte Tronador (3.478 msnm) y sus glaciares, a 80 kilómetros de allí, y al más cercano e igualmente imponente Cerro López.

Negro y blanco

Bariloche, además, sobresale por ser la Capital Nacional del Chocolate, distinción que ostenta desde hace cuatro años con orgullo y es consecuencia de la amplia variedad de productos que aquí se elaboran a partir del cacao, con recetas tradicionales que se transmiten de generación en generación y que se plasman en diversas presentaciones, como tabletas, bombones y en rama.

A tono con esa distinción, la ciudad tiene un museo dedicado al manjar y ofrece una Ruta del Chocolate, que atrae especialmente a los turistas, que tanto en verano como en invierno suelen recorrer las más de 20 chocolaterías de la zona, varias de las cuales elaboran el producto a la vista. Imperdible para todo esto: la principal arteria comercial de la ciudad, la calle Mitre.

En materia gastronómica, en se fusionan sabores del centro de Europa, como ciervo y diversas fondue, con carnes ahumadas, quesos y frutos del bosque, oferta ideal para degustar antes o después de disfrutar de las montañas de los alrededores.

Esa tradición se extendió también a la industria del chocolate, que se desarrolló en una región que es mayormente fría durante gran parte del año y que reconoce al italiano Aldo Fenoglio como uno de los pioneros en la materia. La ciudad ofrece una amplia variedad de chocolates y derivados, a la vez que deleita a propios y extraños con locales pintorescos, muchos de ellos atendidos por sus dueños, que se esmeran por presentar coloridos escaparates y tentadores aromas.

Una panorámica de los lagos Nahuel Huap. (Archivo)

Placeres sureños

Pero si de placeres se trata, también hay que dedicarle un espacio a la cerveza artesanal, que tuvo en la ciudad patagónica uno de los grandes impulsos en el país. Con cervecerías premiadas internacionalmente y reconocidas en todo el mundo, la bebida cuenta con su propia ruta y variedades con una impronta única. Según datos del ente local de Turismo, en la zona hay, entre fábricas y bares, unos 25 emprendimientos de este tipo, cada uno elaborando su propio estilo de cerveza.

En la práctica es, junto al chocolate, la industria alimenticia que genera mayor volumen económico en la ciudad, ya que allí, entre lagos y montañas, se producen al año más de un millón de litros de cerveza.

El establecimiento de Wesley Brewery, un emprendimiento familiar que cobró impulso en los últimos años, tuvo sus orígenes en la década de los años 1950, cuando Eduardo Wesley, un excombatiente de la Segunda Guerra Mundial, se instaló en la Patagonia. Con espíritu emprendedor, el hombre estableció su chacra en las afueras de una pujante Bariloche, donde desarrolló diversas actividades, entre ellas, la elaboración casera de licores, sidras y cervezas. Hoy, en ese lugar, se elaboran cervezas con el agua más pura de la Cordillera de los Andes, que nace de vertientes de la falda del Cerro Campanario.

La cervecería Wesley ofrece hasta 15 estilos distintos de cerveza. Algunas pasan por barrica, otras tienen otro tipo de procesos, con levaduras Lager, o levaduras Ale, otras son 100 por ciento con levadura local.

El emprendimiento se suma a otros ubicados en la zona urbana, a pocos metros del Centro Cívico y junto al histórico Club Andino, donde los visitantes pueden recorrer una decena de pequeños y medianos locales. Allí, sobre las calles Juramento, 20 de febrero y Elflein, las más tradicionales marcas y pequeños y cálidos bares conforman un circuito que ofrece múltiples y diferentes propuestas durante todo el año.

Para quienes desean ir más allá y salir del casco urbano, una ruta cervecera ofrece paradas a lo largo de la emblemática Avenida Bustillo, ubicada a un lado del lago Nahuel Huapi, uno de los más importantes de Argentina.

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