A unos 40 kilómetros de Las Flores, en el centro de la provincia de Buenos Aires, Pardo conserva el ritmo tranquilo de los pequeños pueblos rurales y una historia vinculada a algunos de los nombres más importantes de la literatura argentina. Con apenas unas seis cuadras y alrededor de 200 habitantes, el paraje fue un lugar frecuentado por Adolfo Bioy Casares y Jorge Luis Borges, y hoy propone una escapada entre campo, historia, gastronomía y turismo rural.
La relación de Bioy Casares con Pardo se remonta a su familia. Su padre tenía allí el campo Rincón Viejo y el escritor regresó durante buena parte de su vida al lugar. En esas visitas también estuvo Borges, con quien compartió largas jornadas en la zona. Una de las historias más recordadas cuenta que ambos llegaban al pueblo y se acercaban al almacén para utilizar el teléfono y comunicarse con Buenos Aires.
Ese vínculo con la literatura todavía forma parte de la identidad local. En la antigua estación del ferrocarril funciona el Museo y Biblioteca Adolfo Bioy Casares, donde se conservan objetos y referencias vinculadas con el escritor y su relación con Pardo. La estación constituye uno de los puntos de interés para quienes buscan conocer la historia del pueblo y reconstruir parte de aquellos viajes.
Otro de los lugares que permite acercarse al pasado de Pardo es la Iglesia Nuestra Señora del Perpetuo Socorro, construida en 1892. Fue una donación de la familia Bioy, que también realizó aportes para la escuela y el predio del club local. En las afueras del pueblo se encuentra además el antiguo Puente de Hierro sobre el Canal 11, en medio del paisaje rural.
La localidad invita también a recorrer sus calles y disfrutar de una escala completamente diferente a la de las grandes ciudades. Sus caminos arbolados, las construcciones bajas, las bicicletas y el movimiento cotidiano de los vecinos forman parte de una postal que mantiene características de la vida de pueblo. Las calles, además, llevan nombres de árboles como Los Pinos, Las Acacias, Los Plátanos, Las Palmeras y Los Cipreses.
El turismo rural es otra de las propuestas de Pardo. Entre las alternativas aparece Yamay Ecoturismo, un emprendimiento orientado a la vida sustentable que ofrece alojamiento en cuatro yurtas y experiencias vinculadas con el entorno natural. También hay opciones como las Cabañas Ángel Viejo, la Casa de Campo La Palmera y la Chacra Don Julio, pensadas para quienes buscan descansar y desconectarse.
La gastronomía completa la propuesta. Entre los espacios para conocer se encuentran La Pulpería, instalada en una antigua estación de YPF y decorada con una colección de teléfonos y objetos de distintas épocas; Ayres de Pardo; el Almacén La Terminal; Casa Lamaro y De García. En el pueblo también funcionan una casa de té y otros emprendimientos gastronómicos impulsados por familias que llegaron desde Buenos Aires y decidieron instalarse en la localidad.
Pardo mantiene así una combinación particular de historia, literatura y paisaje rural. El horizonte abierto, los atardeceres, el silencio y el cielo nocturno se suman a una propuesta de turismo comunitario y de ritmo pausado, ideal para quienes buscan conocer otra cara de la provincia de Buenos Aires.
La visita puede complementarse con una recorrida por Las Flores, ubicada a unos 38 kilómetros, donde se pueden visitar la laguna, el teatro, el cine y distintos espacios culturales. De esta manera, Pardo funciona como una alternativa para una escapada que combina patrimonio, naturaleza y la historia de uno de los pueblos bonaerenses ligados a la literatura argentina.