martes, 15 septiembre, 2026
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Nueva Zelanda: cómo es la vida entre playas y montañas

Nueva Zelanda es uno de esos destinos que combinan paisajes muy diferentes en un mismo viaje: montañas, lagos, playas, bosques, volcanes, fiordos y ciudades rodeadas de naturaleza. Ubicado en el Pacífico Sur, el país está formado principalmente por dos grandes islas, la Isla Norte y la Isla Sur, y ofrece alternativas tanto para quienes buscan aventura como para quienes prefieren recorrer pueblos, parques nacionales y ciudades.

Para los argentinos, además, Nueva Zelanda también puede conocerse desde la experiencia de quienes decidieron instalarse allí. Es el caso de Angie Barberis, una marplatense que viajó por primera vez hace unos 15 años con una visa Working Holiday y quedó “enamorada” del país. Después de varios años de analizar distintas posibilidades, regresó junto a su familia y hace cuatro meses y medio se instaló en Wellington.

La capital neozelandesa es uno de los puntos recomendados para comenzar un recorrido por la Isla Norte. Wellington se caracteriza por su ubicación entre colinas y el mar, sus espacios culturales, sus cafés y el ambiente portuario. Uno de sus principales atractivos es el museo Te Papa Tongarewa, dedicado a la historia, la cultura y el patrimonio de Nueva Zelanda. También se puede recorrer el paseo costero, subir al mirador del Monte Victoria y conocer el Jardín Botánico.

Más al norte aparece Auckland, la ciudad más grande del país y uno de los principales puntos de entrada para los viajeros internacionales. Está construida alrededor de dos grandes puertos y combina playas, barrios gastronómicos, volcanes y espacios verdes. Desde allí se pueden realizar excursiones a lugares como la isla Waiheke, conocida por sus playas, viñedos y paisajes, o la península de Coromandel.

La Isla Norte también permite conocer una de las regiones más características del país: Rotorua, famosa por su actividad geotérmica. Géiseres, aguas termales, lagos y zonas volcánicas forman parte de un paisaje que además permite acercarse a la cultura maorí. Cerca de allí se encuentran distintos parques y reservas naturales.

La Isla Sur concentra algunos de los paisajes más impactantes de Nueva Zelanda. Queenstown es uno de los destinos más conocidos y funciona como base para actividades de aventura y para recorrer lagos y montañas. La ciudad está ubicada junto al lago Wakatipu y rodeada por los Alpes del Sur. Es un destino especialmente elegido para practicar senderismo, esquí, rafting, navegación y otras actividades al aire libre.

Otro de los grandes atractivos de la Isla Sur es el Parque Nacional Fiordland, donde se encuentra Milford Sound. El fiordo está rodeado de montañas, cascadas y bosques y puede recorrerse en barco, kayak o mediante distintas excursiones. El área forma parte de Te Wahipounamu, sitio declarado Patrimonio Mundial por la Unesco.

También vale la pena recorrer el Parque Nacional Abel Tasman, en el extremo norte de la Isla Sur. Allí predominan las playas, los senderos costeros y las aguas de color turquesa. Es una alternativa diferente a los grandes paisajes montañosos y permite combinar caminatas con navegación y actividades acuáticas.

Para quienes buscan paisajes de montaña, el Parque Nacional Aoraki/Mount Cook ofrece algunas de las postales más reconocibles del país. Allí se encuentra Aoraki/Mount Cook, la montaña más alta de Nueva Zelanda, rodeada de glaciares, lagos y senderos. Una de las experiencias más accesibles es recorrer los distintos circuitos de trekking que parten desde el área del parque.

Además de sus atractivos naturales, Nueva Zelanda ofrece una experiencia cotidiana que Angie destaca especialmente: la seguridad y la posibilidad de que los chicos tengan mayor autonomía. Su familia eligió Wellington, entre otras razones, por la posibilidad de ofrecerles a sus hijas una infancia diferente. Según contó, los niños pueden ir solos al colegio, andar en bicicleta y moverse con mayor libertad.

La adaptación, sin embargo, también implica desafíos. La hija de Angie, de siete años, llegó sin saber inglés y comenzó a aprenderlo en la escuela. Según relató, los establecimientos cuentan con programas para acompañar a los chicos extranjeros y, en su caso, una profesora que habla español ayuda a su hija a comprender los contenidos.

La experiencia también tiene su lado económico. Barberis señaló que las condiciones laborales son actualmente más difíciles que cuando visitó Nueva Zelanda por primera vez en 2009 y mencionó oportunidades en fábricas, cosechas de kiwi y trabajos rurales. En su caso, la familia todavía se mantiene con sus ahorros mientras atraviesa el proceso de adaptación.

Más allá de quienes deciden emigrar, Nueva Zelanda ofrece a los turistas una combinación difícil de encontrar en un mismo destino: grandes ciudades, cultura maorí, volcanes, playas, bosques, glaciares, lagos y fiordos. Para recorrerla en profundidad se necesita tiempo, pero incluso un viaje acotado permite elegir entre diferentes paisajes y experiencias que convierten al país en uno de los destinos más particulares del Pacífico Sur.

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