lunes, 30 noviembre, 2020
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Paisajes agrestes y con mucha historia

Una excelente forma de celebrar a la naturaleza es conocer la fauna y flora autóctona, aprender a cuidarla y disfrutarla, recorrer parques, bañados, deltas y ríos. En la provincia de Buenos Aires hay dos destinos muy accesibles que tienen todo esto y más.

Uno de ellos es la Isla Martín García y la posibilidad de “vivir en un paraíso” al menos por unas horas. A tan solo 40 kilómetros de la costa del norte bonaerense se encuentra este lugar que cautiva por su flora y fauna, y reúne atractivos para el turismo.

Por ejemplo, la Prisión Isla Martín García, una vieja cárcel que funcionó entre 1755 y 1962, donde estuvieron detenidos tres presidentes argentinos: Hipólito Yrigoyen, Juan Domingo Perón y Arturo Frondizi.

Con sus 168 hectáreas y una población aproximada de 200 habitantes, Martín García es la única frontera seca entre Argentina y Uruguay. Tras marchas y contramarchas el 7 de abril de 1998 la provincia la declaró reserva natural de uso múltiple.

Los biomas predominantes son el bosque en galería donde abundan el ceibo y el laurel criollo, el espinal o monte seco con sus espinillos, cardones y lapachillos, el “arenal” poblado de coronillos y las playas con juncales.

Su fauna integrada por más de 250 especies de aves tiene entre sus destacados a los picaflores, gavilanes, crespines, teros, horneros, biguás, garzas, chimangos, cotorras, cardenales, sietecolores, caburés y lechuzas. También se pueden observar lagartos, lagartijas, yararás, tortugas acuáticas, nutrias y, ocasionalmente, yacarés y carpinchos.

Estas condiciones, lejos del ruido y la contaminación, se volvieron el entorno ideal para el emprendimiento agroecológico que decidió desarrollar Facundo Baraldo Martínez, quien hace ocho años reside en la isla y entiende que su presente y futuro seguirán allí.

La isla Martín García, con muchos años de historia. (Bafilm)

 “Vivir aquí es una experiencia muy linda que conecta el cuerpo con el ritmo de las estaciones y el río por eso empecé a cultivar verduras y hortalizas, con la idea de difundir métodos de producción más amigables con el medioambiente”, contó.

El joven utiliza técnicas naturales para el control de plagas y restauró una vivienda donde creó una huerta de 200 metros cuadrados. “Los bioinsumos fabricados con plantas del lugar y la siembra de aromáticas ahuyentan a los organismos que traen las pestes”, explicó. Su proyecto es convertirse en el abastecedor de insumos frutihortícolas de la isla ya que “nos quedamos sin verduras, frutas y hortalizas cuando el transporte no puede llegar por cuestiones climáticas”.

En tanto, Mabel La Torre es productora de conservas y si bien su ingreso principal está sujeto al movimiento turístico, también tiene sus clientes residentes dentro de la isla. “Mis padres siempre estuvieron acá, yo me vine cuando tenía 17 años pero después me fui a la Ciudad de Buenos Aires, iba y venía. Hace tres años decidí mudarme con mi hija y empezamos a trabajar en el comedor Solís hasta que armé mi propio proyecto. Tuve mucho éxito y ahora me dedico a elaborar mermeladas, dulces y escabeches artesanales”.

Un santuario ecológico

Entre la ruta 11 y el Río de la Plata, la estancia “El Destino”, ubicada a unos 18 kilómetros de la urbe en la localidad de Magdalena, forma parte de la Reserva de Biosfera Unesco Parque Costero del Sur y tiene 500 hectáreas dedicadas sólo a la investigación y educación ambiental.

El encanto de lo agreste y la historia del lugar atraen a quienes lo visitan entre mágicos senderos a través de los que se accede a la costa del Río de la Plata y son el marco perfecto para actividades recreativas como registros fotográficos, training, trekking, running, ciclismo y ecoturismo. Además se destacan los avistajes de flora con ejemplares de tala, coronillo, sombra de toro, molle, ceibo, espinilla, álamo y acacias, y de fauna con ciervos axis, jabalíes, carpinchos, zorros, liebres, diversidad de aves y la mariposa Bandera Argentina.

Las casi 2000 hectáreas que pertenecieron a la familia de Marcos Miguens fueron compradas, en 1928, por el ingeniero agrónomo Ricardo Pearson, quién parquizó uno de los jardines al estilo francés. Apasionado por la naturaleza, a mediados del siglo XX decidió convertir 500 hectáreas de su establecimiento en un refugio y cuando falleció su esposa creó una fundación homenaje para “contribuir a la defensa, protección y desarrollo de las especies”, explicó Claudia Gómez, encargada de orientación al turismo y del Archivo Histórico de la institución.

Las aves son parte del paisaje en estos destinos bonaerenses. (Archivo)

En la reserva también se puede visitar el Museo de la Memoria donde se exhiben más de mil piezas antiguas, maquinarias, herramientas y carruajes que narran la historia de la estancia.

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