lunes, 30 noviembre, 2020
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Donde las leyendas marcan el camino

Laguna de la Niña Encantada

La Laguna de la Niña Encantada y su historia de amor. (Archivo)

Conocida como la “capital del turismo aventura”, Malargüe, es una ciudad de la provincia de Mendoza que cautiva a los viajeros todo el año. Entre cerros, ríos, lagunas, volcanes, la naturaleza abraza y desafía, a todas las edades, a enfrentarla a través de alguna de las tantas excursiones. 

Desde allí, muchos esquiadores viajan hacia Las Leñas, uno de los centros más importantes del país. Sin embargo, el camino en sí está lleno de sorpresas. Uno de ellas es la Laguna de la Niña Encantada, un lugar ideal para el descanso desde donde se puede contemplar todo el valle y caminar por la pequeña costa. Alimentada por ríos subterráneos que le brindan un agua extraordinariamente cristalina, el marco de la laguna son rocas volcánicas que al reflejo con el agua dan curiosas formaciones que han creado a través de los años leyendas e historias.

 Es como un anfiteatro, una laguna rodeada de restos de lava volcánica, y que tiene 16 mil años de antigüedad y unos 16 metros de profundidad. Pero más allá de lo impactante del lugar, existe una leyenda que le da nombre al lugar y vale la pena conocer. Según este antiguo relato, en la zona había dos tribus, una de ellas, los pehuenches, brava y aguerrida.

El cacique de la otra, para evitar una guerra, siguió el consejo de una bruja que le indicaba que su hija llamada Elcha se case con el hijo del cacique rival. Sin embargo, ella al enterarse escapó con su amor de siempre. Al llegar hasta el precipicio y como eran perseguidos, no dudaron en tirarse al agua.

Mientras que a la bruja le cayó un rayo y quedó petrificada en el lugar, el resto de los perseguidores vieron reflejada en la superficie del agua la imagen de Elcha, que en lengua indígena significa espejo.

Cataratas del Iguazú

Las Cataratas del Iguazú, un imán para el mundo. (Xinhua)

Ubicado en el extremo noreste de Argentina y una pequeña parte en Brasil, las Cataratas del Iguazú comprende saltos de agua de más de 80 metros de altura que se extienden por casi 3 kilómetros. El Parque Nacional constituye una de las zonas con más saltos del mundo: en total existen 275. Sumido en la selva misionera, alberga más de 80 especies de mamíferos, 450 de aves y de 2 mil especies de flora autóctona.

Más allá del placer que significa perderse sin prisa entre sus caminos para disfrutar del agua y la naturaleza virgen, las cataratas también tienen leyendas que atrapan al viajero. Una de ellas es la historia aborigen sobre cómo se dio origen a estos saltos mundialmente conocidos.

Para la leyenda local -de origen guaraní-, en el Río Iguazú habitaba una gran serpiente llamada Boi. Según el mito, todos los años los integrantes de las tribus guaraníes concedían a esta especie el cuerpo de una muchacha tirándola al agua como ofrenda. ¿Por qué una mujer? La leyenda cuenta que debía ser joven, bella, para que la serpiente no echara luego sus maldiciones a los lugareños, obligados a respetarla y a temerle. 

Lo cierto es que durante un año, próximos a la eventualidad, el referente de una de las tribus fue enamorándose de la muchacha que había elegido para la realización del sacrificio. Este joven, llamado Tarobá, intentó de todas las formas posibles hacer convencer a los caciques del grupo para que no sacrificaran a Naipí. Pero no lo consiguió.   

Por eso, la noche previa, cuando ya se habían congregado varias tribus junto al río y aún algunas estaban en viaje, Tarobá decidió escapar con Naipí, para irse lejos y evitar el desenlace. Con astucia logró su cometido, burló toda la seguridad en torno a ella, y en la oscuridad de la noche se internaron juntos en las aguas del yguasú, sin saber muy bien adónde los llevaría la suerte y la corriente.

Según cuenta el desenlace de la historia, la serpiente Boi se enteró y en un ataque de furia y rabia decide quebrar el río en dos partes, y de esta manera es como, a partir de este relato, se dio origen a las cataratas. Los jóvenes quedaron atrapados en la inmensa naturaleza y sin posibilidades de escapar. Finalmente, la serpiente Boi habría convertido el cabello de la joven en la caída de agua que se observa en los saltos.

Tafí del Valle

Tafí del Valle esconde historias de duendes. (Turismo de Tucumán)

Para llegar a Tafí del Valle desde San Miguel de Tucumán hay que transitar un sinuoso camino de cornisa, un magnífico tramo de la ruta provincial 307, que trepa entre las yungas. Son unos 100 kilómetros en zigzag, con varios puntos panorámicos y una parada obligada en El Chasqui o Monumento al Indio.

La ciudad de pasado jesuita, veranos frescos por las noches e inviernos con nevadas y temperaturas que llegan a los -10°C, puede disfrutarse con recorridos en 4×4, trekking, cabalgatas, windsurf o una tarde de pesca. Pero además, esconde historias y leyendas que merecen ser conocidas.

En las afueras de la ciudad se puede ver el Museo de Mitos y Leyendas “Casa Duende”, que refleja las muchas creencias de los pueblos ancestrales sobre dioses y seres protectores en la región. Cuenta con un fogón de cuentos, sala de proyecciones, y una enorme vasija donde los artesanos locales exponen sus creaciones y las comercializan.

Entre los distintos personajes míticos y protectores de la naturaleza que se encuentran allí, se puede señalar la imagen de Yastay, padre de los animales y de las aves, representado por un hombre con pata de guanaco. La más conocida es la Pacha Mama, Madre Tierra, cada año se celebra su día y se le rinden numerosas ofrendas y plegarias. Además, están las Madres de las Aguas, el Señor de los Pájaros, la Ñusta, que representa a la primavera, y el Pucay, entre otros.

El hada del Champaquí

El Champaquí y su vista desde lo más alto de su pico. (Córdoba Turismo)

Trepar el Champaquí, el cerro más alto de Córdoba, siempre es un desafío y una aventura. Con sus 2980 metros de altura, se impone como una mole que en sus senderos guarda sorpresas naturales de todo tipo y como un mirador excepcional para deleitarse con paisaje. Su fama no radica sólo en que es el punto más alto de las Sierras Grandes, sino que, además, permite distintos recorridos para llegar a la cima.

En el punto más alto del Champaquí, en una zona que ofrece una pequeña llanura, existe una hoya, de no mucha profundidad, que con el tiempo fue adquiriendo forma de laguna. Sobre ese espejo de agua se ha tejido la leyenda del hada de la laguna. Cuenta la leyenda que al caer la tarde, tiene lugar lo que los lugareños han considerado como milagro: el vapor se levanta y llega a conformar algo parecido a una túnica sutil, de tonalidad blanquecina.

Aparición etérea que, a medida que se proyecta hacia el firmamento, se va desvaneciendo no sin antes haber tomado diversas formas, entre ellas una que es la que ha calado hondo en los serranos más antiguos de Calamuchita. Es la del “hada del Champaquí”, definida su forma por la leyenda, toda vez que entre las distintas figuras que entrega ese halo vaporoso sobre las aguas, la de esta hada se distingue por su larga cabellera cayendo sobre la túnica blanca.

Cuenta además la leyenda que un gaucho viajero que por allí pasaba quedó extasiado al descubrir a la bella y tenue muchacha. Pero la mujer que brotaba de las aguas no parecía corresponderle porque cuando él quería confesarle su amor, desaparecía y así fue como sin poder resistir aquel juego de apariencias quedó atrapado allí para siempre, en la alguna de la Novia o del hada del Champaquí.

El Destapado

El camino a Laguna Brava, un espejo de agua atrapante. (Turismo de Villa Unión)

Cerca de Villa Unión, en La Rioja, se encuentra Laguna Brava, una reserva de vicuñas y flamencos, a más de 4200 metros sobre el nivel del mar, de color azul zafiro. A pocos kilómetros de esa ciudad, y por medio de caminos de ripio, se llega al pueblo de Alto Jague, y más adelante está la Quebrada Santo Domingo y la Quebrada del Peñón.

A la orilla de la ruta hay refugios de forma circular con paredes de piedra y argamasa. Las construcciones miden cinco metros de diámetro por tres y medio de alto, y su arquitectura es similar a la de un iglú, terminando en una cúpula. Se trata de los trece refugios levantados en la zona entre 1864 y 1873 para albergar a los arrieros que conducían ganado a Chile. Los mandó a construir el entonces presidente, Domingo Faustino Sarmiento, y servía para albergar a los arrieros que conducían ganados bovino y ovino desde La Rioja, Catamarca y San Juan con destino a Chile, en extenuantes y peligrosas travesías de 20 días a través de la Cordillera.

Numerosos son los casos de arrieros que no pudieron llegar a completar el viaje, aunque quizás el más célebre de todos sea “El destapado”, quien falleció en uno de esas defensas. La leyenda cuenta que su tumba, lindera a uno de los refugios y donde se pueden ver los restos óseos, aparecía siempre descubierta pese a que era constantemente tapada por otros viajeros. La tumba se convirtió en lugar de culto y muchos le rezan y le piden milagros, en forma oral o escrita, y dejan ofrendas o monedas junto al cadáver.

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