jueves, 26 noviembre, 2020
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Curaçao, una isla a todo color

Entre el Bon Bini o Dushi (bienvenidos y cariño), dos expresiones de los lugareños que se escuchan a cada paso, uno empieza a tomar contacto con Curaçao, una isla paradisíaca enclavada en las Antillas Menores, al sur del mar Caribe. Estas palabras en papiamento (una lengua que entremezcla español, portugués y holandés) permiten empezar a respirar un aire fresco que proviene de las aguas azules intensas, un clima envidiable y de gente amable y hospitalaria que abre las puertas de esta tierra.

Curaçao es un territorio autónomo que pertenece al Reino de los Países Bajos. Se encuentra a apenas unos 50 kilómetros de la costa noroccidental de Venezuela. Geográfica e institucionalmente, es un país que se encuentra incluido dentro del grupo de las islas de Sotavento, junto a las islas próximas de Bonaire y Aruba. Aunque hasta el año 2010 formó parte de las Antillas Neerlandeses, su capital y su ciudad más poblada, siempre se ha mantenido en Willemstad, situada justo al sur de la isla.

Entre las postales más conocidas de esta isla, se destacan sus famosas casitas de colores llamativos. Fueron creadas en el siglo XVII, utilizando la madera como material principal, siguiendo los cánones arquitectónicos de las viviendas tradicionales de la ciudad de Ámsterdam. Sin embargo, con el paso de los años, estas viviendas se han ido transformando y han logrado ese peculiar tono caribeño que ha permitido que el casco antiguo de Curaçao fuese declarado como Patrimonio Mundial de la Unesco.

Las playas con aguas cristalinas, arena blanca y hoteles cinco estrellas. (Archivo)

Willemstad es el centro de la ciudad y concentra bares, hosterías, boutiques y mercados. Es una ciudad elegante, de estilo europeo y raíces africanas, y, sobre todo, de coloridos edificios coloniales con tonalidades caribeñas. En realidad, el color de las casas va más allá que una simple estética urbanística y se debe a un acontecimiento cuanto menos extravagante. Según una ley vigente promulgada en 1817 por el entonces gobernador holandés de Curaçao, Aruba y Bonaire, Albert Kikkert, las casas no pueden pintarse de blanco porque el resplandor del sol causa dolores de cabeza y ceguera. Aunque años después se descubrió que tras sus argumentos había una fábrica de pintura de su propiedad, esta curiosa disposición todavía permanece vigente.

Lo ideal es recorrerla a pie, sin prisa, para ir descubriendo sus secretos. Desde el puente de la Reina Emma que cruza la Bahía de Santa Ana, pasando por la sinagoga Mikve Israel-Emanuel, la más antigua del continente americano, el mercado flotante, el palacio del Gobernador, el fuerte de Amsterdam, o el parque Wihelmina. En esta ciudad de unos 100 mil habitantes y donde el beisbol es el deporte estrella, la cultura llama la atención por la combinación de costumbres de los distintos grupos étnicos que habitan. El arte, la gastronomía, las fiestas y las tradiciones son el resultado de la influencia de arahuacos, españoles, antillanos, neerlandeses, venezolanos y africanos.

Nadar en sus aguas es un placer único. (Turismo de Curaçao)

Destino habitual de luna de miel, la isla tiene una superficie de 444 kilómetros cuadrados y gran parte del territorio es virgen y natural. En ese contexto, existen decenas de playas distintas para disfrutar, muchas de ellas son públicas (para ingresar a otras hay que pagar), y con deportes acuáticos como el buceo como una de las máximas estrellas.

Una de las playas privadas pero de las mejores es Porto Marie. Lejos del centro, cuenta con aguas cristalinas, arena fina y múltiples servicios. Los amantes del snorkel encuentran allí su

lugar ideal para pasar la tarde. Cerca de Porto Marie, está Cas Abou, también paga, y entre las palmeras que le aporta un color especial, es la elegida por muchos buceadores. Aunque la mejor para este deporte es Playa Kalki, considerada la pared coralina subacuática. Por la noche, muchas de estas playas, sobre todo las que tienen grandes cadenas de hoteles, se transforman en clubes nocturnos, con música y tragos hasta altas horas de la madrugada.

Imperdible, caminar por el centro de la colorida Willemstad. (Turismo de Curaçao)

TU GUÍA

Cuánto cuesta

Un vuelo desde Buenos Aires, con escala, arranca en los US$ 850 mientras que un hotel para dos personas ronda los US$ 90 la noche. Un all inclusive trepa a US$ 170.

Idioma y moneda

Aunque no hables el papiamento, podrás comunicarte sin dificultad en inglés o español. La moneda local es conocida popularmente como florín, pero uno se puede manejar en dólares sin problemas.

Acceso a Internet

Muchos hoteles ofrecen wifi gratuitamente a sus clientes. También encontrarás algunas zonas turísticas, especialmente del centro de la ciudad, con conexiones inalámbricas gratis.

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