Purmamarca, un estallido multicolor

Las construcciones en adobe brindan a este poblado jujeño una atmósfera única. Un viaje a la cultura originaria en medio de paisajes como pintados a mano.

Calles angostas de tierra, casas de adobe, entorno natural muy colorido, gente amable y sin prisa, tejidos artesanales. La postal se repite cuando uno camina por Pumamarca, el pequeño poblado de la Quebrada de Humahuaca que en lengua aymara, significa “pueblo de la tierra virgen” o “ciudad del desierto”. Allí, bajo la atenta mirada del Cerro de los Siete Colores, se conservan y conviven las primitivas construcciones con las nuevas, siempre manteniendo un delicado equilibrio y simpleza con el entorno natural.

De pasado (y presente) agrícola y ganadero, con el paso de los años el turismo pasó a ser la actividad económica por excelencia. Recibe viajeros de Argentina y muchos del extranjero, que llegan por cuenta propia o en micros con grupos que arriban desde muy temprano hasta la noche, día tras día. De allí que surgiera en 2016 la iniciativa de convertirlo en pueblo peatonal, al estilo La Cumbrecita, en el cordobés Valle de Calamuchita.

Al no tener una gran extensión, se puede (y debe) recorrer a pie. Alrededor de la plaza gira la vida y respira su gente, que entiende que en la artesanía y las delicias gastronómicas autóctonas, como queso de cabra y salame de llama, está gran parte del éxito del lugar. Uno puede perderse horas sin comprar nada pero contemplando las mantas, adornos y amuletos del estilo de las muñecas quitapenas, que según la creencia popular deben guardarse bajo la almohada para que en los sueños ahuyenten los males del alma.

También se ven artesanías realizadas en cardón, que abuna en el norte y se repite en el interior de casas y comercios, ya sea en techos, bancos u otro tipo de muebles. Al cardón se lo encuentra en los cerros. La variedad que más se ve es la pasacana, de flores amarillas. Y aunque está protegido, si se lo halla muerto en pie está permitido utilizarlo para artesanías.

La iglesia consagrada a Santa Rosa de Lima y la plaza marcan el centro del pueblo. Hacia donde se camine, uno tendrá de fondo los cerros coloridos que lo acompañarán siempre. Por las estrechas calles y tras subir unas escalinatas, se accede a una vista panorámica increíble y a un ángulo de visión que se topa cara a cara con el cerro de los Siete Colores, la “vedette” del lugar.

Según expertos, el cerro se originó hace 75 millones de años. En la composición de sus tierras se encuentran sedimentos marinos, lacustres y fluviales, lo que resulta en una perfecta policromía. Cuenta la leyenda, que los locales se encargan de alimentar, que cuando fundaron Purmamarca, los cerros no tenían color alguno, los niños lo encontraron sin vida y decidieron pintar sus laderas.  Durante siete noches desaparecieron de sus camas y en cada amanecer los adultos se asombraron al encontrar que el cerro tenía color tras color.

Si bien hay unos cinco puntos que cumplen el rol de miradores para apreciar al cerro en su magnitud, uno de los más lindos es uno que está cruzando la ruta, ya que queda el pueblo a sus pies. Pero hay más: el denominado Paseo de los Colorados, una breve caminata (también puede ser en auto) en la que uno termina metiéndose en el Cerro de los Siete Colores. Se logran las mejores fotos aunque hay que evitar hacerlo al mediodía, por la intensidad del calor. Las formas que generó la erosión invitan buscar imágenes talladas en los cerros. Todo un desafío.

Rumbo a las creencias

El turismo cultural en Purmamarca, se vincula a sus más sagradas tradiciones y celebraciones, donde el viajero puede tomar contacto directo con las creencias de la comunidad. La riqueza de este pueblo reside en la preservación y trasmisión de su cultura de generación en generación. De hecho hoy conviven armoniosamente cultos provenientes de la fe católica y de las comunidades originarias. Y eso se refleja en el culto a la Pachamama, durante el mes de agosto y que tiene epicentro en la Iglesia local.

Según un grabado en la fachada podría ser de año 1648, aunque la construcción actual dataría de 1778. Rodeado por un cerco de adobe blanqueado con cal, tiene un techo a dos aguas de madera de cardón recubierto de barro, y armoniza con la torre cuadrada del campanario. Las paredes interiores están decoradas con imágenes de Santa Rosa de Lima, pintadas en el siglo XVII.

También entre los sitios que los viajeros eligen para recorrer está el Cabildo, así llamado por su galería de arcos (elemento poco frecuente en la arquitectura de la zona). Fue construido a mediados del siglo XIX, quizás con motivo de las celebraciones de la Revolución de Mayo. Tiene una sola planta y posee un pórtico de seis arcadas, gruesas paredes de adobe que duplican el espesor de las construcciones actuales. En la recova se puede observar el antiquísimo cielorraso de tablas de cardón, y por fuera la torta de barro que recubre el techo.

Además, no puede faltar una foto típica del lugar: la del algarrobo de unos 600 años que guarda parte de la historia: cuenta la leyenda que allí el último cacique de los humahuacas, Viltipoco, recibió con un vaso de aguardiente de caña al primer evangelizador español.

Purmamarca es también el punto de partida hacia las Salinas Grandes, atravesando por la ruta 52 hacia el oeste la vertiginosa Cuesta de Lipán, que alcanza una altura máxima de 4.170 metros. Construida por el hombre para sortear los obstáculos geográficos dispuestos por la naturaleza, el viajero asciende unos 2 mil metros de altura en apenas 40 km y llega al Abra de Potrerillos (4170 m.s.n.m.) que es su punto más alto y donde vale la pena detenerse para apreciar las imponentes vistas o fotografiar las manadas de vicuñas que suelen aparecer cerca del camino. Es sorprendente ver allí, en plena cuesta, pequeñas casitas con sus respectivos corrales, y gente que a esa altura vive cotidianamente abocada al criado de ovejas y llamas.

Aunque también desde este poblado parte una excursión de 22 kilómetros hasta el yacimiento arqueológico de Huachichicoana, donde uno puede rastrear las primeras huellas de vida humana en la Quebrada de Humahuaca, registradas hace 10 mil años. En cinco cuevas de un alero rocoso se conservan pinturas rupestres. Desde el Bosque de Cardones  que aparece en el camino que desvía de la ruta 52, un sendero de trekking entre las montañas conduce hasta Huachichicoana y Estancia Grande, otro antiguo poblado marcado por el legado de las culturas precolombinas.

 

El dato

Un detalle a tener en cuenta es que Purmamarca no se ubica sobre la ruta 9, sino a 3 kilómetros al oeste de la misma, sobre la ruta 52. Cuando uno viaja desde San Salvador de Jujuy o desde Tilcara, hay que asegurarse de que el colectivo entre a Purmamarca. Si no realiza el tramo de 3 km por la ruta 52, uno debe bajarse sobre la 9, y habrá que caminar cuesta arriba. 

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Fecha de hoy

13/12/2018

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