En el corazón de la Quebrada

Siguiendo la ruta 9, los 168 kilómetros de extensión de la famosa geografía quebradeña deslumbran a cada paso con bellos paisajes, un patrimonio cultural único y costumbres bien marcadas.

Aunque en los últimos años las áreas públicas de turismo de Jujuy vienen redoblando esfuerzos para promocionar los atractivos de las regiones de los valles, la puna y las yungas, los inolvidables paisajes de la Quebrada de Humahuaca con su rosario de encantadores pueblos y caseríos diseminados entre los cerros siguen siendo, por lejos, el principal atractivo de esta provincia norteña y uno de los polos de atracción turísticos más importantes del país.

Es que la Quebrada, declarada Patrimonio Cultural y Natural de la Humanidad en 2003, encierra maravillosos paisajes que se revelan a cada paso, entremezcla historia, arte y tradiciones, y destaca por la calidez de su gente, valores que en el conjunto la convierten en un destino con una identidad bien definida.

Esta gran quebrada o grieta entre los cerros da lugar a un profundo y angosto valle por donde corre el Río Grande: su punto de partida “oficial”, al sur, es la población de Yala, a una altura de 1.639 metros sobre el nivel del mar mientras que finaliza, al norte, en la localidad de Tres Cruces, a 3.693 metros.

Su recorrido de 168 kilómetros, por la ruta nacional 9, es sin duda uno de los más bellos del país. Por él se suceden, a escasa distancia, numerosos pueblos con diversos atractivos históricos, culturales, naturales y deportivos como Volcán, Tumbaya, Huacalera o Uquía y otros más conocidos y turísticos como Tilcara, Purmamarca, Humahuaca y Maimará. En ellos se celebran cada año una gran variedad de eventos que convocan a miles de visitantes, atraídos por las comidas típicas, las fiestas populares y los carnavales más originales del país.

En la zona, los más de 10 mil años de cultura omaguaca y su pasado precolombino y colonial brotan a cada paso. La región siempre fue habitada por pueblos originarios a cuyos testimonios el viajero accede en forma constante. Además, en la época de la colonia, la Quebrada fue escenario de las luchas de independencia, ya que era la vía de comunicación entre el Río de la Plata y el Alto Perú (Bolivia).

 

KILÓMETRO 0

La capital, San Salvador de Jujuy, es un buen punto para comenzar a recorrer la Quebrada así como otras regiones de la provincia. Situada al sur de la provincia, en un valle rodeado de montañas en la confluencia del Río Grande, esta ciudad de 275 mil habitantes tiene el aeropuerto internacional Horacio Guzmán a pocos kilómetros y varios accesos desde la ruta.

Además de los edificios gubernamentales históricos y museos de la ciudad -como el que funciona en la casa donde en octubre de 1841 fue asesinado en General Juan Lavalle-, pueden visitarse a pocos kilómetros de “la Tacita de Plata”, como se conoce a la capital jujeña, otros atractivos como las Termas de Reyes, un sistema de aguas subterráneas a más de 50º C con sales minerales y otros elementos curativos.

A 15 kilómetros al norte de San Salvador, siempre siguiendo la ruta 9, se llega a Yala, un pequeño pueblo rodeado de cerros con vegetación y varias lagunas considerado la puerta de entrada a la Quebrada de Humahuaca, donde pueden realizarse actividades como trekkings y caminatas para disfrutar el entorno natural.

A partir de allí, la árida geografía de la Quebrada empieza a imponerse y las primeras poblaciones que aparecen en el camino son Volcán y Tumbaya.

La primera, tiene apenas mil habitantes que subsisten gracias al agro y la ganadería, además de comercializar productos que provienen de las Salinas Grandes, ese mar de sal a cielo abierto que deslumbra a los visitantes y que está ubicado a 130 kilómetros al noroeste de San Salvador. En Tumbaya, cabecera del municipio, destaca su Iglesia que conserva pinturas de la escuela cuzqueña y piezas de orfebrería y que fue declarada Patrimonio Histórico Nacional.

A 66 kilómetros de la capital se encuentra Purmamarca, uno de los pueblos más pintorescos de la región que alberga una de las clásicas postales del norte argentino: el Cerro de los Siete Colores. Si bien se lo considera un pueblo de paso, cada vez más turistas eligen hacer noche allí y conocer sus alrededores.

Es que más allá del famoso cerro y la belleza de sus colores minerales, Purmamarca ("Pueblo del Puma", en quechua) conserva una valiosa arquitectura colonial y las costumbres y tradiciones de los pueblos quebradeños. En su plaza principal funciona todos los días una colorida feria de artesanías donde es posible adquirir artículos regionales como vasijas, alfombras confeccionadas en telares, ponchos, instrumentos musicales y ropa típica del lugar.

Las empanadas de carne, el queso de cabra y el charqui pueden probarse en cualquiera de los puestos que rodean la plaza. El locro, las humitas y los tamales también son protagonistas de la cocina típica local.

Frente a la plaza se encuentra la Iglesia de Santa Rosa de Lima, construida en el año 1648, y a un costado, el algarrobo histórico bajo cuya sombra descansaron las tropas del Ejército del Norte comandadas por Manuel Belgrano. Otro de los edificios históricos del lugar es el cabildo colonial -el más pequeño del país-, donde funciona actualmente la Biblioteca Popular “Viltipico”.

Sin duda, uno de los mejores paseos que puede hacerse en Purmamarca es el de Los Colorados (foto de tapa), un circuito de 3 kilómetros que nace en el mismo pueblo y se realiza caminando o en auto en medio de impresionantes formaciones geológicas talladas naturalmente. La caminata es de baja dificultad y se recomienda llevar calzado cómodo, agua, un gorro y pantalla solar para protegerse del sol en las estaciones más cálidas.

Trekkings, cabalgatas, excursiones de turismo por el lecho del río Purmamarca y celebraciones comunitarias como el misachico, el culto a los difuntos o a la Pachamama, completan la oferta.

Purmamarca es también el punto de partida hacia las Salinas Grandes, atravesando por la ruta 52 hacia el oeste la vertiginosa Cuesta de Lipán, que alcanza una altura máxima de 4.170 metros.

A 19 kilómetros de Purmamarca, y solo ocho antes de Tilcara, otra de las joyas de la Quebrada, se encuentra Maimará un pequeño pueblo situado a orillas del Río Grande que ofrece alojamiento, restaurantes y diferentes lugares para visitar como la Paleta del Pintor, un cerro multicolor que al recibir los rayos del sol poniente intensifica sus colores.  

Sólo 3 kilómetros antes de la entrada a este poblado, donde vivieron antiguamente maimarás y tilcaras, tribus omaguacas, se encuentra la Posta de Hornillos, que unía el Alto Perú con el Virreinato del Río de la Plata y que actualmente funciona como museo.

TILCARA Y HUMAHUACA

Tras Maimará, se accede por la ruta 9 a Tilcara, el principal centro turístico de la Quebrada, famoso por su calendario de fiestas tradicionales: dos de las más importantes a nivel turístico son el “Enero Tilcareño”, con guitarreadas, recitales y peñas alrededor de la plaza principal durante las noches de ese mes, y el Carnaval de la Quebrada que tiene lugar en febrero.

Tilcara fue el primer pueblo de la zona en desarrollarse a partir de una nueva infraestructura de servicios para los visitantes. Actualmente, la comuna está implementando un sistema de "turismo social", mediante el cual los lugareños ponen a disposición del turista habitaciones en casas de familia, bajo la tutela y control del organismo municipal.

Entre sus numerosos atractivos destacan el Pucará de Tilcara, ubicado en las afueras del pueblo, una fortaleza de defensa edificada por los primitivos habitantes de la Quebrada de Humahuaca sobre un morro que permitía una amplia visión sobre los accesos a la antigua población. En las afueras del Pucará se encuentra el Jardín Botánico de Altura, que conserva especies de la puna.

La ciudad es considerada la Capital Arqueológica de Jujuy y posee el Museo del Instituto Interdisciplinario de Tilcara, ponderado como uno de los más importantes de la especialidad.

Además, Tilcara cuenta además con un Museo de Pintura, un Museo de Escultura y un Museo del Carnaval, donde el turista puede encontrar personajes típicos y ceremonias propias del lugar.

Otras de las actividades que pueden realizarse desde Tilcara son excursiones en 4x4 al Cerro Morado, trekkings o caminatas por los alrededores hasta La Garganta del Diablo, o incluso realizar sandboard y cabalgatas por los médanos más cercanos. Estas excursiones pueden contratarse en las agencias de viaje que rodean la plaza principal.

Hay mucha actividad en Tilcara, lo que la convierte en un destino para visitar todo el año. Hay que tener en cuenta que el clima de la región presenta diferencias térmicas de hasta más de 20 grados entre el día y la noche, especialmente en los sitios de mayor altura, por lo que se recomienda llevar buen abrigo.

Continuando viaje, entre cerros de tonos amarillos, marrones, rojos y grises poblados de cardones, se llega a al pueblo de Huacalera, que fue un asentamiento de omaguacas y con el tiempo se transformó en una posta en el camino a Bolivia. De aquellas épocas queda como testimonio la Capilla de Inmaculada Concepción, construida en el año 1655.

En la entrada del pueblo se puede visitar el Monolito del Trópico de Capricornio, donde un reloj de sol se encuentra alineado con la línea imaginaria del famoso paralelo, que pasa por allí.

Pocos kilómetros más adelante y a 2.824 metros sobre el nivel del mar está Uquía, donde se puede hacer un alto para conocer la antigua iglesia de San Francisco de Paula, hecha de madera de cardón y adobe, y que conserva una colección de pinturas conocidas como los “ángeles arcabuceros”. En febrero, durante las celebraciones del carnaval, es imperdible la bajada de cerca de 400 “diablos” desde uno de los cerros de los alrededores en medio de un gran baile popular donde abundan el talco, las serpentinas y las pinturas de colores que contrastan con las tonalidades más uniformes del paisaje quebradeño.

A solo 37 kilómetros de Tilcara se encuentra Humahuaca, considerado como la entrada a la Puna jujeña y la última localidad de importancia de la Quebrada camino al extremo norte (La Quiaca).

Aquí se orillan los 3 mil metros de altura, en un entorno de cordones montañosos de gran belleza. El pueblo, al igual que la Quebrada, toma el nombre de los antiguos pobladores de la zona, los omaguacas.

Humahuaca cuenta con diferentes servicios turísticos para los visitantes como hoteles y hostales, restaurantes y peñas folclóricas, estación de servicio, campings, museos y feria artesanal, agencias de viajes y hospital.

Además de la Iglesia Catedral Nuestra Señora de la Candelaria y el edificio del Cabildo de Humahuaca -hoy convertido en museo con un reloj en su torre donde cada mediodía una imagen móvil de San Francisco Solano da la bendición a los presentes- otro de sus atractivos es el Monumento a los Héroes de la Independencia y al Ejército del Norte, obra de Ernesto Soto Avendaño, un grupo escultórico formado por escalinatas y una estatua que engalana un grito aborigen de guerra.

El Yacimiento Arqueológico de Coctaca y sus ruinas precolombinas, 10 kilómetros hacia el norte, así como la Inca Cueva o Chulín con sus antiguas pinturas rupestres, también destacan entre las actividades recomendadas.

En la región, otro lugar que no puede marginarse es Iruya, un pequeño y maravilloso pueblo enclavado en la montaña a 54 kilómetros de Humahuaca, en la vecina provincia de Salta. El único acceso es por Jujuy y desde Humahuaca parten colectivos aunque la ruta de acceso suele estar en mal estado sobre todo en épocas de lluvia. A Iruya, que conserva sus calles angostas y empedradas con casas de adobe, paja y piedra, se llega atravesando el Abra del Cóndor, el límite natural entre Salta y Jujuy, desde donde se obtienen maravillosas vistas de la montaña y de la enormidad de la Quebrada.

 

LA FIESTA DE LA QUEBRADA

A lo largo de la Quebrada, numerosos pueblos como Humahuaca, Tilcara, Maimará, Uquía, Purmamarca y Huacalera, entre otros, reviven en febrero la tradición de los carnavales, una celebración que se remonta a tiempos prehispánicos.

Los festejos comienzan con el desentierro del Pulljay, un muñeco que simboliza al diablo -y que para los locales es el encargado de fecundar a la Tierra (Pachamama)-, y culmina con su entierro, el primer domingo de marzo, hasta el año siguiente.

La celebración fusiona colores, comparsas, danzas, coplas y música por las calles de los pueblos, donde no falta el papel picado, las serpentinas, la espuma y la albahaca fresca que, por sus virtudes afrodisíacas, los solteros se colocan en la oreja derecha. Además hay banderas, flores, bombas de estruendo, coca, cigarrillos y bebidas típicas junto a las ofrendas a la Madre Tierra, para agradecer los alimentos y la vida misma. A diferencia de otros carnavales que se celebran en el país, en el norte, el público puede dejar su lugar de espectador pasivo ya que se le permite total participación en los festejos.  

video

Descargá el suplemento

Fecha de hoy

20/10/2017

tweets recientes