Los alquileres en la mira

Berlín siguió a otras ciudades del mundo que buscan ponerle freno a plataformas como Airbnb. “Las viviendas son para vivir en ellas”, argumentan las autoridades.

El crecimiento de los mercados comunitarios a través de redes sociales en el mundo del turismo encendió luces rojas en el sistema tradicional, en este caso de la hotelería, que los considera competencia desleal, lo que generó polémica con defensores y detractores en muchas partes del mundo.

Recientemente, el Gobierno de Berlín, en Alemania, tomó una decisión que generó polémica pero que apunta a poner coto al alquiler de viviendas para turistas con una normativa que obliga desde el 1° de mayo a registrar las casas o apartamentos arrendados con fines turísticos y establece elevadas multas para quien no respete la nueva regulación. Según esta ley, plataformas de alquiler por Internet -como Airbnb-, inmobiliarias y arrendadores particulares tienen que solicitar un permiso específico en el Gobierno local, sin el cual se exponen a una multa de hasta 100 mil euros.

Las autoridades dispondrán de un plazo máximo de dos años para gestionar el permiso, aunque se podrá ejercer dicha actividad a los catorce meses de iniciar el proceso si la administración no ha tomado aún una decisión al respecto.

El objetivo del Gobierno berlinés es aliviar el grave problema de vivienda que sufre la ciudad -que recibe cada año cerca de 40 mil nuevos vecinos-, una situación que comparte con otras grandes urbes alemanas como Múnich o Hamburgo. “Las viviendas son para vivir en ellas”, dijo el responsable de Planificación urbana y Medio Ambiente de la ciudad-estado, Andreas Geisel. Su departamento espera recuperar para el mercado de alquiler cerca de 12 mil viviendas, es decir, aproximadamente un 1,5 por ciento del total de 1,9 millones de hogares en la capital alemana.

Según las cifras facilitadas por Airbnb, alrededor de 20 mil berlineses ofrecieron el año pasado alojamiento a turistas a través de su plataforma y unas 568 mil personas encontraron cama en la capital alemana en la misma página. Un “anfitrión tipo” ganó alrededor de 1.800 euros en todo el año, ya que casi tres cuartas partes de los alojamientos ofrecidos estuvieron alquilados menos de 90 días.

Pero Berlín no es el único lugar donde se disparó la polémica. En Barcelona, estalló el año pasado, cuando el Gobierno multó a ocho aplicaciones que ofertaban habitaciones, con 30 mil euros cada una, decisión que fue celebrada por el Gremio de Hoteles de Barcelona, cuyo titular, Jordi Clos, calificó a la oferta de esas locaciones como "epidemia".

Y en 2014, las autoridades de la ciudad de Nueva York iniciaron una “guerra” en los tribunales contra Airbnb. El motivo del conflicto es el crecimiento del número de los usuarios y de la oferta de alquileres que promociona la página web y que ha levantado las críticas del sector hotelero por presunta competencia desleal, según han informado medios periodísticos estadounidenses.

Argentina cuenta con unas 10.500 propiedades inscriptas en la plataforma Airbnb, de las cuales 7.400 están en la ciudad de Buenos Aires, y el segundo destino con más alojamientos de este tipo es San Carlos de Bariloche, con unas 900.

 

El dato

Los números de esta empresa nacida en San Francisco son extraordinarios: más de 1.500.000 anuncios en 192 países y 34 mil ciudades con un número total de huéspedes que supera los 40 millones. El funcionamiento es sencillo. Un particular decide alquilar una o varias habitaciones de su piso a un precio competitivo y la plataforma conecta la oferta y la demanda produciéndose la transacción mediante una operación bancaria. Este último punto es importante, porque es necesaria la transparencia del negocio. La empresa cobra una comisión variable.

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Fecha de hoy

20/10/2017

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