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Salta, la joya del norte argentino

Ubicada a 1.100 metros sobre el nivel del mar, la ciudad de Salta es una de las que mejor conserva sus aires coloniales en la Argentina. Fundada en 1582 por el español Hernando de Lerma para convertirse en nexo entre los minerales de Potosí, en Bolivia, y el puerto de Buenos Aires, hoy, “La Linda” recibe a los turistas con un abanico interminable de propuestas que terminan enamorándolos del lugar.

Plaza 9 de Julio

El punto de partida de todo recorrido en la Plaza 9 de Julio, que atrae a los viajeros con el monumento a Juan Antonio Alvarez de Arenales, gobernador de la provincia en 1824. Sus árboles, algunos de ellos ancestrales, sirven de refugio en verano.  Este sitio es la original Plaza de Armas construida por los españoles, que según las leyes de Indias debía estar rodeada por los poderes del Estado y la catedral. Las plazas de armas españolas eran despojadas, sin bancos ni árboles, tal como fue la de Salta en sus orígenes. Pero con el romanticismo francés de fines del siglo XIX brotaron en ella jardines con palos borrachos, frondosas araucarias, palmeras africanas y lapachos, estatuas como la del Niño de la Oca, la Fuente de los Deseos y una glorieta.

El Cabildo

El Cabildo, frente a la céntrica Plaza 9 de Julio. (Turismo de Salta)

Frente a la plaza está el Cabildo –o lo que quedó de él tras la decisión de fragmentarlo para la urbanización del centro de la ciudad-. Fue la sede de las autoridades desde 1626 hasta 1808 y es al día de hoy el mejor conservado de todo el país. En la actualidad aloja el Museo Histórico del Norte, con carruajes y carretas, y muestras arqueologías precolombinas. Hay objetos que pertenecieron al general José de San Martín y al general Martín Miguel de Güemes, héroe local y nacional. Este lugar tiene dos curiosidades a nivel arquitectónico: los 14 arcos de la planta baja no se corresponden con los 15 de la parte superior, y la torre está totalmente fuera del eje central. Destaca la simpleza de sus patios y recovas, que llevan hacia dos museos de antigüedades y un lote de carruajes de siglos pasados.

Museo de Alta Montaña

Las momias sorprenden en el Museo de Alta Montaña. (Turismo de Salta)

El hallazgo de los Niños de Llullaillaco, a más de 6.700 metros cerca de la cima del volcán Llullaillaco, despertó gran conmoción en la provincia y se decidió construir el museo, con la idea de resguardar y difundir el descubrimiento de las momias de más de 500 años. La exhibición de ese hallazgo sólo es una parte del Museo de Arqueología de Alta Montaña, que además cuenta con salas que narran aspectos fundamentales de la vida y la cultura de los incas. Se encuentra frente a la Plaza 9 de Julio y es uno de esos lugares que dejan al visitante con la boca abierta.

La Catedral

La bellísima catedral, de estilo neocolonial, terminada en 1882. (Turismo de Salta)

Salta es una ciudad de fervores religiosos masivos. Eso se refleja no sólo en su gente sino en cada rincón de la ciudad. Uno de esos lugares es la catedral Basílica, el Santuario del Señor y de la Virgen del Milagro. Es de estilo neocolonial y tiene su fachada en color rosa y crema. El edificio que uno puede conocer es del siglo XIX, y se construyó encima del anterior que quedó destruido en un terremoto en 1692. Fue terminado en 1882 con su planta rectangular de tres naves. Al recorrer la nave de la izquierda, uno llega al Panteón de las Glorias del Norte. Allí están los restos de los hombres y mujeres de Salta que formaron parte activa en la creación de la Patria. Se destaca la figura de Martín Miguel de Güemes.

Iglesia san Francisco

También en el centro, está la iglesia de San Francisco, una basílica menor que para muchos es la obra maestra de la ciudad. Fue construida tres veces porque las primeras dos se quemó en incendios generados por velas. El actual edificio tiene un sobrecargado estilo italianizante. Los tres niveles de su rojiza fachada siguen el orden columnar griego con pilares dóricos, jónicos y corintios de color blanco. La imagen más icónica de la fachada de la iglesia es dominada por la torre construida en 1877. Es el campanario más alto de Sudamérica. Parte de los tañidos que resuenan desde su cuerpo de 54 metros es aportada por la “Campana de la Patria”. Sus 1.406 kilos fueron fundidos con el bronce de los cañones utilizados en la Batalla de Salta en 1813, cuando el Ejército del Norte, encabezado por Manuel Belgrano, derrotó a las tropas españolas.

Convento San Bernardo

La iglesia de San Bernardo, construida en el siglo XVII delante del cerro que lleva el mismo nombre, es una de las reliquias arquitectónicas de la provincia. Cumplió funciones de hospital en los primeros años de la Guerra de la Independencia, pero a partir de 1820, abandonado a su suerte, fue deteriorándose. Gracias a la gestión del padre Isidoro Fernández, en 1944 se convirtió en convento de clausura y, desde entonces, fue ocupado por monjas carmelitas descalzas. Su vida es de clausura total. Los familiares las pueden ir a visitar a la iglesia y conversar a través de una ventanita cerrada que no permite verse las caras. Durante el día rezan sin parar y trabajan en la huerta y la cocina, quedándoles una hora para conversar y relajarse.

Parque San Martín

Con el teleférico se llega hasta la cima del cerro san Bernardo. (Turismo de Salta)

Frente a la Terminal de micros de la capital salteña, el Parque San Martín es el gran pulmón natural de la ciudad. Senderos que permiten apreciar el lago artificial entre una espesa arboleda le dan a la ciudad un color verde especial. A lo largo del recorrido por las ocho manzanas que ocupa el espacio diseñado por Ángel Zerda en 1905 aparecen bancos de mármol, una fuente de piedra, el Jardín Incaico, un área botánica, un rosedal, juegos infantiles y monumentos que homenajean al general San Martín, Florentino Ameghino y Facundo de Zuviría. Además de puestos artesanales, también se puede conocer el Museo de Ciencias Naturales. Y además en este lugar está el Teleférico que parte hacia el cerro San Bernardo.

Cerro San Bernardo

Con sus 260 metros de altura, el cerro San Bernardo propone otra perspectiva de la ciudad. En la cumbre, la panorámica se ensancha hasta abarcar los límites de la traza urbana y el horizonte se dibuja sobre las tierras prósperas del Valle de Lerma, las montañas del oeste y los caminos que se desprenden en dirección a Cafayate y Campo Quijano.  Sin embargo, la subida hasta allí es toda una aventura. Más allá del teleférico (recomendable), otra manera de llegar es realizando actividad física: hay que subir los 1070 escalones o recorrer los dos kilómetros por ruta que separan la base de la cima del cerro. Arriba hay artesanías, bares, actividades artísticas y mucho más.

Iglesia de la Viña

Una de las bellezas arquitectónicas de la ciudad es la Iglesia Nuestra Señora de la Candelaria de la Viña, declarada como Monumento Histórico Nacional en 1982. Su construcción terminó 1886 y destaca por su torre de 44 metros. La planta, en cruz latina, tiene tres naves con crucero, acentuado por ábsides en semicírculo. El presbiterio, que precede al ábside central, incluye al altar mayor. Las naves laterales, más bajas que la bóveda de cañón corrido de la nave central, permiten su iluminación natural. El acceso se realiza por tres arcadas, enmarcadas por seis pares de columnas corintias que sostienen un vibrante entablamento. 

Calle Balcarce

En la calle Balcarce se combina la música y la comida típica. (Turismo de Salta)

La calle céntrica Balcarce, desde Santiago del Estero hasta Ameghino, es un reducto de peñas folclóricas y puestos de artesanos, todo coronado por la estación de trenes. Si bien muchos llegan hasta allí para conocer la peña boliche Balderrama, inmortalizada con la zamba cuya letra es de Manuel J. Castilla y la música de Gustavo “Cuchi” Leguizamón, lo cierto es que los lugares para disfrutar de las tradiciones se multiplican a cada paso. Además de la música y la comida típica, hay los fines de semanas decenas de puestos de artesanos.

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